Botín. Reparto “equitativo” entre piratas.

La motivación principal de los piratas, fue básicamente lograr de la manera más rápida posible grandes sumas de dinero mediante la intimidación, el robo y el pillaje. La elección de esta vía para conseguir beneficios pudo deberse a multitud de factores, por ello no era raro que infractores de la ley, renegados, hijos segundones, desertores, esclavos fugados y un largo etcétera decidieran probar suerte en los navíos piratas a sabiendas que en su tierra natal le esperaba la horca o una vida de pobreza.

Pero en el caso de que se sobreviviera a un ataque ¿cómo decidían qué parte de las ganancias correspondía a cada tripulante? Con la siguiente entrada pretendo explicaros los métodos que comúnmente se utilizaron en esta clase de situaciones.

Lo primero que debe tenerse en cuenta antes de empezar, es recalcar, como tan a menudo ocurre con esta clase de marinos, las pocas evidencias escritas que tenemos acerca de su modo de vivir y actuar. Los piratas conformaban un grupo ajeno a la ley y por ende perseguido por la misma; mantener un registro de sus actividades fraudulentas, tal y como se hacía con las citadas “chartes parties” (contratos firmados por los propios tripulantes donde se decidían los objetivos y presas, así como las reglas a bordo, entre otras cuestiones organizativas), implicaba tener una prueba palpable de sus crímenes.

Es por ello que esta clase de documentos, así como cualquier otro similar (cartas de navegación con anotaciones, diarios, códigos reglados, etc.) que pudiera implicar a los miembros activos del barco, eran debidamente eliminados o escondidos a conciencia para así guardarse las espaldas.

Los pocos testimonios acerca de ello son los códigos que establecieron determinados capitanes, siendo William Kidd y Bartholomew Roberts, algunos de los que más importancia dieron a la distribución de ganancias.

Independientemente de la década en que se encontraran, las tripulaciones piratas establecerían antes de cada ataque, el reparto de los bienes que se pudieran obtener fruto del mismo. Previamente a la salida del navío, se exponía en asamblea los objetivos fijados, los gastos que debían afrontarse y el reparto del botín. Dichos gastos principalmente comprendían los sueldos de determinados tripulantes, en donde se incluía el salario del carpintero, el cual variaba entre 100 y 150 pesos/reales de a ocho. Por otra parte, el cirujano, encargado del mantenimiento y cuidado de la salud de la tripulación, así como su tratamiento tras los combates percibiría un salario algo más elevado, fluctuando entre los 200 y 250 pesos.

Unido a ello se debían sumar provisiones, materiales de repuesto y aunque por lo general cada pirata sufragaba su propio equipo, dentro de éste gasto inicial se contemplaba a menudo la compra de municiones y armas.

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Pirate we be. Fuente: tamaraR (1)

A su vez se indicaban previamente a cada salida las indemnizaciones que recibiría cada tripulante en caso de mutilación, las cifras respecto a ello varían a lo largo del tiempo y en ocasiones, se verían aumentadas con el objetivo de hacer más atrayente una expedición. Estas cifras podían pagarse tanto en dinero como en esclavos, y por norma general tales montos eran múltiplos de 100, gracias a ello y con objeto de acelerar tales trámites, se establecería que el valor de cada esclavo fueran 100 pesos/reales de a ocho.

Como ejemplo de tales indemnizaciones tenemos el que nos otorga Exquemelin en su libro “Piratas de América”. Según sus palabras, la pérdida del brazo derecho implicaba recibir 600 reales de a ocho o seis esclavos, mientras que por el brazo izquierdo serían 500 reales de a ocho o 5 esclavos. La pierna derecha tendría un valor igual al del brazo izquierdo en caso de pérdida, la izquierda tendría un valor algo menor, por lo que el herido percibiría 400 reales de a ocho o 4 esclavos. Los ojos y los dedos alcanzaban el mismo valor: 100 reales de a ocho o 1 único esclavo.

Todos estos pagos saldrían del botín conseguido y una vez que se hubieran desembolsado, se procedería al reparto de la suma restante. La norma general, la cual se mantendría con escasas variaciones, consistiría en entregar media parte para los aprendices y jóvenes, una para cada marinero, los especialistas y oficiales recibirían una parte extra mientras que dos partes suplementarias serían reservadas para el capitán y otras dos para el contramaestre. En caso de que fuera el capitán aquel que proporcionase el barco, éste recibiría entre cinco y seis partes adicionales.

Los filibusteros, debido a su especial condición se veían obligados a entregar parte del botín obtenido a la autoridad bajo la que se auspiciaba. No era inusual que este peculiar “diezmo” desapareciera automáticamente en las arcas del almirantazgo que le había concedido la autorización para armarse en corso y ningún remanente llegara hasta las autoridades reales. Tener que entregar tales cantidades provocaría no pocos enfrentamientos con dichas autoridades, ya que éstas muchas veces se valdrían de entresijos legales con objeto de hacerse con mayores sumas de las estipuladas.

Sería absurdo pensar que dichos filibusteros se comprometerían a cumplir siempre con esta parte del trato, ante este devenir de los acontecimientos idearon diversas estratagemas mediante las cuales conseguían evitar pagar dicho diezmo o como mínimo conseguir que éste fuera lo más pequeño posible. Por ello no era de extrañar que vendieran gran parte de sus mercancías en otros puertos, traficaran con barcos de otras naciones, pagaran únicamente por los bienes situados en la bodega y si todo esto no fuera suficiente, se entregaba bajo mano una suma lo suficientemente generosa al gobernador de turno para que no se inmiscuyera en sus asuntos.

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Greedy bunch of rogues. Fuente: kheelan (2)

Una vez explicados los diversos entresijos acerca del reparto y para una mejor comprensión de lo expuesto anteriormente, podéis leer a continuación un ejemplo de cómo las tripulaciones actuarían a la hora de establecer los beneficios obtenidos tras capturar una presa. Supongamos para el siguiente caso que una tripulación conformada por 50 piratas consigue hacerse con un cofre que, una vez pagados los diversos salarios e indemnizaciones contiene 1000 doblones de oro.

Monto del botín: 1000 doblones                   Tripulación: 50 personas

En caso de un hipotético reparto equitativo, se dividiría el monto por el número de tripulantes y cada uno recibiría una parte igual. Por lo que cada uno de los miembros recibirá una suma total de 20 doblones y ahí se acabaría cualquier problema.

Pero la realidad fue muy distinta, ya que como he indicado antes,cada tripulante recibiría un número de partes en relación a la función que realizase en el barco. Debido a ello, tales partes extra correspondientes a los cargos internos de la embarcación se sumarían al número de tripulantes, aumentando así la cantidad de partes por las que debería dividirse el monto total.

En el siguiente ejemplo puede observarse cuantas partes correspondían a cada uno de tales individuos según su rango y la suma que recibiría cada uno de ellos. Supondremos que la tripulación  de 50 miembros estaría conformada por 1 capitán, 1 contramaestre, 3 especialistas, 2 oficiales y 43 marineros adultos.

Reparto doblones

Reparto de botín. Fuente: elaboración propia

De todo esto se comprende que, al capitán le corresponderían 5 partes, sumando así 81,96 doblones, mientras que el contramaestre recibiría 49,17 doblones. Por su parte los especialistas obtendrían 32,786, caso similar ocurriría con los oficiales ya que se harían con una cantidad igual. Finalmente, el resto de la marinería al tener derecho a una única parte, recibiría como pago por sus servicios 16,39 doblones.

Enlaces

(1) http://tamarar.deviantart.com/art/Pirate-we-be-387553235

(2) http://kheelan.deviantart.com/art/Greedy-Bunch-of-Rogues-110091352

Bibliografía

BURNEY, James. Historia de los bucaneros de América. Salamanca: Renacimiento, Isla de la Tortuga, 2007, 478 p.

CARROGGIO, Santiago. Historia de la navegación. Gran Enciclopedia del mar. Barcelona: Carroggio, 2003.

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

LUCENA SAMORAL, Manuel. Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos del mar. Madrid: Mapfre S.A., 1992, 313 p.

ROBERTSON, Stuart. La vida de los piratas. Barcelona: Editorial Crítica, 2008, 271 p. ISBN:978-84-9892-059-8

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN:84-933198-0-5

Matelotage. Sangre nueva para los bucaneros.

Las comunidades bucaneras caribeñas (para más información leer entrada Bucaneros y Sexualidad en la piratería) adquirieron con el paso del tiempo. una importancia cada vez mayor. Esto fue debido principalmente al intercambio de pieles y carne con los barcos de varias nacionalidades a cambio de suministros de todo tipo, y a su capacidad militar a la hora de asaltar enclaves y embarcaciones.

Esta clase de grupos pervivieron durante décadas y como era de esperar, muchos de sus miembros más antiguos, una vez conseguido el suficientemente dinero como para retirarse o aquellos muertos durante sus correrías, irían reduciendo el número de bucaneros existentes. Llegados a este punto era necesario encontrar un modo de que nuevos miembros se unieran a los diferentes grupos establecidos en las islas.

Los bucaneros adinerados que volvieron a sus países de origen en el viejo continente, principalmente franceses, lograrían adquirir una posición acomodada. El éxito que tales individuos ostentaban a su vuelta, hacía crecer las esperanzas de muchos jóvenes, ya que veían en ellos ejemplos vivientes de cómo escapar de la pobreza en la que muchos estaban inmersos. De este modo se creó un flujo de hombres que se dirigieron a los puertos con el objetivo embarcarse para emular a sus predecesores.

Ya en puerto, ciertas compañías y particulares se encargaban de encauzar a las nuevas remesas de hombres en esta dirección. Tal cometido consistía en la firma de un contrato en el cual se les obligaba a contraer una deuda monetaria, a cambio se les pagaba el trayecto hasta América y se les vendía a bucaneros más experimentados, convirtiéndose así en aprendices bajo sus órdenes. Dichos aprendices, también conocidos como engagés o comprometidos, se resarcirían de sus deudas (unos 30 escudos) trabajando para el bucanero durante un periodo de tiempo determinado, generalmente alrededor de 3 años.  A este proceso de endeudamiento a cambio de conocimientos se le conocería como matelotage.

Desde ese momento, el engagé comenzaría a aprender el nuevo oficio y al mismo tiempo se vería obligado a cumplir todas las directrices que le indicase su nuevo amo. Las condiciones de vida que debían soportar eran a menudo bastante duras, aunque este hecho está basado principalmente en las vivencias de Alexander Exquemelin; hablaré de ello en otro apartado más adelante.

Dichas duras condiciones se comprenden debido a que a menudo los bucaneros les impondrían las tareas más pesadas y a que su existencia, generalmente al raso o en cabañas de muy mala factura hacían de tales años una prueba difícil de superar. El aprendizaje les llevaría a dominar las diferentes técnicas de caza que se utilizaran en la zona, cómo utilizar correctamente los grandes rifles bucaneros (los cuales tenían unas medidas diferentes a los utilizados por el común de la población), a aprender los códigos de cooperación entre los propios bucaneros, así como a comerciar con los barcos que atracaran cerca para conseguir carne y pieles.

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Reclutamiento de nuevos bucaneros (1)

Una vez superado el severo aprendizaje, el alumno ascendía de categoría y pasaba a formar parte de la comunidad bucanera. De este modo adquiría permiso para actuar por su propia cuenta, lo cual implicaba cazar en donde quisiera, asociarse con otros bucaneros, comerciar con poblaciones y barcos y adquirir un engagé como ayudante.  Por su parte, su mentor le obsequiaba como recompensa por sus logros varios enseres con los que comenzar su nueva andadura. Éstos podían variar pero lo usual era que se les diera un fusil, pólvora y balas y un determinado número de cuchillos con los que tratar las piezas cobradas.

– Consideraciones

Una de las principales fuentes que se tienen acerca del proceso de matelotage es la figura de Alexander Exquemelin, el cual participó en esta clase de “aprendizaje”. Sus vivencias influyen bastante en su escrito, ya que su primer amo debió proporcionarle un trato bastante violento, llegando a darle tales palizas que finalmente fue sanado y comprado por un médico, el cual le enseñaría su oficio. Se comprende por tanto que la visión de Exquemelin esté parcialmente sesgada respecto al trato que debían recibir el resto de engagés, ya que no siempre tuvo que alcanzar tales extremos. De todas formas no debe creerse que la cooperación entre mentor y alumno siempre fue idílica; los bucaneros eran gente proveniente de las clases más bajas de la sociedad y combinaban la caza y el trueque con ataques a poblaciones civiles, por lo que la violencia era un elemento vertebrador de su naturaleza. Violencia que podría ser encauzada en determinadas ocasiones hacia aquellos situados en una posición de mayor indefensión, es decir sus comprometidos.

bucaneer 2

Bucanero con su característico rifle(2)

 

Otro de los mitos que se han ido gestando alrededor del concepto del matelotage es que era más una unión sentimental entre dos hombres, llegando al extremo de que hay quien afirma que la casi totalidad de los bucaneros y piratas eran homosexuales. Generalizar de una manera así acerca de un grupo social tan heterogéneo y con una existencia temporal tan amplia me parece un sinsentido. Así que vamos a ver las causas de las que surge esta idea y a intentar ahondar un poco más acerca de ello.

En primer lugar la defensa de que la homosexualidad era una práctica utilizada por la inmensa mayoría de las tripulaciones piratas se basa en el hecho de que éstas estaban conformadas únicamente por hombres. Por lo que una convivencia entre los mismos llevaría a la aparición de parejas del mismo sexo entre la tripulación, aunque esto es perfectamente plausible, creer que el total de la tripulación de cada barco optaría por tal opción me parece, como mínimo descabellado.

Segundo, como bien explican las fuentes este matelotage era un contrato basado en el pago de una deuda, estoy convencido de que muchos de los bucaneros se aprovecharon sexualmente de sus discípulos, e incluso puede que el paso del tiempo llevara a que tales parejas de individuos desembocaran en parejas sentimentales. Casos de personas que se aprovechan de este modo de otras situadas en un escalafón inferior llevan produciéndose en toda clase de ámbitos desde la noche de los tiempos. Pero la idea de meter a todos los piratas en el mismo saco sigue cayéndose por su propio peso.

Tercero, también se alega que la libertad y la falta de ataduras religiosas, sociales y económicas unido a la escasez de mujeres, llevó a que los piratas optaran de una forma masiva por la homosexualidad. Respecto a la relajación de las costumbres “típicamente occidentales” no es desacertado pensar que esto llevara a la aparición de más parejas entre personas del mismo sexo, así como otras opciones. En cuanto a la escasez de mujeres, generalmente se pasa por alto el elevado número de nativas, esclavas y prostitutas. Fueron más que comunes los casos de convivencia y matrimonio entre ellas y los piratas a lo largo de la Edad Moderna en estas latitudes, por lo que este punto también es inválido

A lo que quiero llegar con todo esto es que evidentemente hubo una mayor libertad sexual entre las tripulaciones piratas y no sería raro el encontrar parejas homosexuales dentro de las mismas. Negar esto nos podría llevar a creer que esta clase de marinos conformaban una entidad monolítica e inalterable, cuando fue justo lo contrario.

Lo que intento decir, a diferencia de determinados autores, es que este hecho, como otros tantos, no se puede generalizar. Las personas que conformaron durante siglos la comunidad pirática se cuentan por miles, cada uno con sus inquietudes, intereses y preferencias sexuales. El mero hecho de decir que todos o casi todos actuaron de un modo determinado, no ya en el plano afectivo, si no en muchos otros, indica la pobre reflexión e investigación que algunos autores han hecho antes de plasmar sus ideas por escrito.


Fuentes

ARAVISINI-GEBERT, LlZABETH. Las aventuras de Anne Bonny y Mary Read: el travestismo y la historia de la piratería femenina en el Caribe. GUTIÉRREZ DE VELASCO, Luzelena. Género y cultura en América latina. Arte, historia y estudios de género. [En línea]. México: El Colegio de México, Centro de Estudios Sociológicos, Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, Unesco, 2003, 396 p. [Fecha de consulta 26-05-2015]. Disponible en:

http://faculty.vassar.edu/liparavi/article/AventurasdeAnneBonny.pdf

ELLIOT, J.H. Imperios del mundo atlántico; España y Gran Bretaña en América. Madrid: Taurus, Taurus Historia. D.L. 2006.

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

LE BRIS, Michael. Oro sangre y sueños. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe, D.L. 2003.

MOREAU, Jean-Pierre. Piratas. Filibusterismo y piratería en el Caribe y en los Mares del Sur (1522-1725). Madrid: Machado Grupo de Distribución, S.L., 2012, 426 p.

PEÑA BATLLE, Manuel Arturo. La Isla de la Tortuga. Madrid: Cultura Hispánica, 1977, 267 p.

ZARAGOZA, Justo. Piraterías y agresiones de los ingleses en la América española. Sevilla: Renacimiento, Colección Isla de la Tortuga, 2005, 547 p.

Imágenes

[1]http://heritage-history.com/blog/wp-content/uploads/2012/09/morgan1.gif

[2]http://public.gettysburg.edu/~tshannon/hist106web/caribbean/bucaneer.bmp

 

 

¿Cómo vestían los piratas? Indumentaria en alta mar. Parte 2.

¿Cómo vestían los piratas? Indumentaria en alta mar. Parte 2.

En la anterior entrada ¿Cómo vestían los piratas? Indumentaria en alta mar. Parte 1. traté de un modo más directo las ropas y enseres más utilizados por los piratas. Para esta ocasión centraré la atención en elementos menos comunes y en determinados complementos que se les ha ido atribuyendo como propios.

  • Bucaneros.

Indumentaria bucaneros: telas bastas, guantes equipo, sombrero mosquitera.

Debido a su especial condición como cazadores de reses y cerdos, los bucaneros tuvieron que modificar sus ropas al caluroso y a menudo sofocante clima caribeño. La mayoría de las ropas utilizadas en el viejo continente estaban diseñadas para ofrecer una fuerte protección contra los elementos, lo cual hacía que la mayoría fueran inservibles una vez llegados a América y por lo general eran desechadas o reconvertidas.

Ante esta situación, los bucaneros se valieron de nuevas ropas que les permitieran una mayor movilidad a la hora de cazar sus presas y al mismo tiempo que les protegiera, hasta cierto punto, de las inclemencias del tiempo. Es por ello que en vez de recargadas prendas o pesados abrigos, los bucaneros optaron por unos calzones largos y camisas amplias, ambos hechos con tela basta, ropajes fáciles de remendar o incluso de conseguir mediante su compra a otros bucaneros o en las aldeas vecinas. Añadían a su conjunto unos guantes que les facilitaba la utilización de los diversos cuchillos para tratar y descuartizar las piezas cobradas, así como para moverse más fácilmente por las zonas más agrestes de las islas en que se encontraran. Como último punto también era común que se ataviaran con una gorra para protegerse del sol y la lluvia.

Buccaneer

Bucanero con mosquete y perros[1]

  • Capitanes

Como era de esperar, los capitanes de los barcos piratas serían aquellos que hicieran una mayor ostentación de riquezas y prendas mientras estuvieran al mando de una embarcación. En primer lugar esto es debido a que una parte mayor del botín fuera a  parar sus manos y por tanto pudiera costearse una mejor vestimenta. Del mismo la posibilidad de guardar sus pertenencias en un camarote habilitado exclusivamente para él, implicaba la posibilidad de poder guardar ciertas mudas y abalorios y así elegir los que más le interesaran dependiendo de la situación. No por ello tenemos que creer que los capitanes iban, como tan comúnmente nos han vendido en las películas, ataviados hasta arriba de joyas, sombreros con plumas de varios colores y chaquetones largos profusamente decorados con charreteras.

La mentalidad europea se valdría durante los siglos XVII y XVIII principalmente de la vestimenta como uno de los elementos diferenciadores entre clases. Ese ideal se mantuvo entre los piratas de su tiempo y por ello se buscaría hacerse con las mejores ropas de los cautivos tras un ataque, con objeto de ascender dentro de la pirámide social. Debido a dicho factor, se comprende que los capitanes al ostentar el mando, tendrían acceso a las mejores prendas y por tanto su figura, al estar por lo general, más engalanada que la del resto de tripulantes, le diferenciase del resto de sus allegados.

  • Animales de compañía

La llegada de los europeos al continente americano implicó que estos descubriesen nuevas especies ajenas totalmente a sus países de origen, es por ello que el comercio con las mismas adquiriese importancia, convirtiendo a dichos animales en bienes codiciados por las élites. Debido a ello el trasiego de simios, loros y ciertos mamíferos se convirtió en un mercado en alza que podía llegar a mover importantes sumas por cada uno de estos animales. No es de extrañar por tanto, que los piratas codiciasen a tales seres y aprovecharan cualquier ocasión para atraparlos en sus propios hábitats naturales o para incluirlos en el botín tras haber apresado una embarcación o poblado. La inmensa mayoría de dichos animales sería vendida a los mercaderes o particulares de los puertos francos, sólo una pequeña cantidad de los mismos quedaría en posesión de los propios piratas, pues como he reiterado varias veces, les interesaba mucho más el dinero que las mascotas.

El origen de la conexión entre piratas y loros que llega hasta día de hoy se encuentra en “La Isla del Tesoro” escrita por Robert Louis Stevenson, en la cual Long John Silver posee un loro llamado Capitán Flint que se posa sobre su hombro.

Se comprende así, que la imagen de un marinero con un animal al hombro aunque queda muy bien como imagen romántica, tiene una muy endeble (por no decir nula) base histórica haciendo de esta otro mito que no concuerda con la realidad que tales marinos vivieron.

CottonJack

Cotton y su inseparable loro[2]

  • Peinado

Rastas, rastas y más rastas. Gracias a Jack Sparrow en Piratas del Caribe y la tripulación de Charles Vane en Black Sails, el mito de que los piratas llevaban rastas ha ido adquiriendo cada vez más seguidores. Vamos a estudiar con un poco más de detenimiento este punto que tan profundo ha calado en la imagen del pirata actual.

Las rastas (dreadlocks) llegarían al continente americano principalmente por los esclavos africanos los cuales provenían de ciertas culturas en donde este característico peinado tenía una importancia social y a menudo espiritual. Aunque en los siglos venideros se les pierde el rastro no es hasta bien entrado el siglo XX cuando dicho peinado cobra cada vez más importancia debido a las figuras de Marcus Garvey y Haile Selassie y más adelante por Bob Marley. Al no haber referencias, grabados o dato alguno acerca de que dicho peinado fuera utilizado por las tripulaciones piratas, se puede afirmar que dicho peinado brilló por su ausencia.

La idea de que Jack Sparrow llevara rastas, proviene de que Johnny Deep puso como condiciones a la hora de realizar dicho papel, el poder elegir gran parte de la indumentaria de su personaje, añadiéndole los diversos abalorios, tatuajes, maquillaje y su característico peinado formado por una mezcla de trenzas, mechones sueltos y rastas. Aunque hay que admitir que la imagen impacta inmediatamente, debe comprenderse que es una licencia histórica que le permitieron tener, pero que no se basa en ningún documento histórico, si no en una exigencia del actor.

Lo mismo puede decirse con la tripulación que Charles Vane en Black Sails consigue reclutar, la cual está conformada por una serie de piratas veteranos los cuales lucen como rasgo distintivo numerosas rastas, tanto en su pelo como en la barbas. Queda muy bien y les proporciona un elemento diferenciador respecto a otros personajes dentro de la serie, pero ocurre lo mismo que en el caso anterior, es una licencia que se toman con objeto de atraer a la audiencia.

TV STILL -- DO NOT PURGE -- Black Sails, Starz, season 2

Charles Vane “ganándose” a su nueva tripulación (3)

¿Qué peinados llevaban entonces los piratas? Seguirían el ejemplo de la mayoría de los marinos y soldados europeos éstos podrían cortárselo a menudo, con la intención de evitar el calor que una melena da en un clima como el caribeño, así como para evitar los picores producidos por las pulgas y chinches que pudieran alojarse en el cuero cabelludo.

En caso de que decidieran dejárselo largo, lo usual era que se lo recogiesen, mediante coletas, trenzas o cintas de tela/bandanas a la hora de realizar determinadas actividades o de entablar combate. Esto más que una cuestión estética, que tampoco sería de extrañar, fue principalmente práctica. Debido a que durante los momentos de lucha, el pelo suelto se suele meter por la boca y ojos dificultando cualquier acción, puede ser usado también por el enemigo para agarrarlo y tumbar a su adversario, el cual desde el suelo apenas es capaz de defenderse.


Fuentes:

BURNEY, James. Historia de los bucaneros de América. Salamanca: Renacimiento, Isla de la Tortuga, 2007, 478 p.

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

JUÁREZ MORENO, Juan. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972, 468 p.

MOTA, Francisco. Piratas en el Caribe. La Habana: Casa de las Américas, 1984, 430 p.

Imágenes:

[1] http://www.bruceruiz.net/PanamaHistory/Pirates/pirates_and_buccaneers.htm

[2] http://www.filmedge.net/potc3/photos.htm

[3] http://www.dvdmaniacs.net/blog/

¿Cómo vestían los piratas? Indumentaria en alta mar. Parte 1.

Como tan a menudo nos ocurre la imagen que nos viene a la mente al hablar de piratas es de fieros marinos ataviados con parches, garfios y pañuelos de vivos colores o en su defecto de capitanes jóvenes con un deje romántico vestidos de una manera impoluta. Por si eso no fuera suficiente para terminar de distorsionar su imagen original, los pintores y artistas que decidieron plasmarlos se basaron en la indumentaria de personalidades de los siglos XVIII y XIX, pertenecientes a las tropas de los cuerpos marinos y terrestres, así como de navegantes civiles y ciertos individuos de la nobleza. Es normal que muchas de las representaciones terminaran exponiendo a “piratas” vestidos una mezcla de elementos de cada uno de estos grupos.

Aunque en ciertos casos no estuviera del todo lejos de la realidad es necesario un examen  más minucioso de los elementos más característicos para comprender por qué o por qué no eran utilizados por los asaltantes de mar.

Tiene que añadirse que un tema como es la indumentaria de dicho grupo es difícil de rastrear, ya que los testimonios que se conservan son por lo general escasos y pueden dar pie a interpretaciones e imágenes que pudieran alejarse de realidad. El hecho de no poder contar con fotografías, sino con pequeños grabados (muchos alejados de la época que tratan de plasmar) unido a la escasez de restos materiales, son otros de los inconvenientes que dificultan la investigación.

Así mismo, creer que todos los piratas que navegaron por el Océano Atlántico decidieron ponerse de acuerdo en llevar una serie de prendas determinadas, las cuales les permitiera conocerse entre sí y conseguir conformar un grupo homogéneo dista mucho de la realidad. Como es comprensible, no se puede esperar una reglamentación en torno a la vestimenta que usaron, pero no por ello impide que se observen una serie de pautas y casos comunes que ofrecen una imagen más nítida de los mismos.

Antes de comenzar debe aclararse que la mayoría de los piratas provenía de los estamentos más bajos de la sociedad y no era común que estos dispusieran de varias mudas de ropa. Es por ello que aunque en un inicio pudieran poseer ropas características de sus zonas natales o de sus antiguas profesiones, con el paso del tiempo éstas se irían desgastando y serían reemplazadas bien por otras confeccionadas en territorio americano, o por aquellas sustraídas a sus víctimas una vez muertas.

Lo cual llevaba a que miembros de la base de la sociedad de su época pudieran llegar a ir vestidos con ropas pertenecientes a nobles y personajes adinerados que hubieran caído bajo sus ataques. De este modo tras un golpe especialmente fructífero, no era raro divisar a una tripulación pirata ataviada con joyas, sedas, encajes y vistosos sombreros. Tales elementos eran perfectamente inútiles e incomodas para la vida en el mar y solían durar poco en sus manos, aunque a sabiendas de ello, no era raro que guardaran algunos para exhibir su recién adquirido nivel adquisitivo y como recordatorio de sus acciones, tanto al resto de la tripulación como a aquellos que se pudieran encontrar en tierra firme.

  • Vestimenta “básica”

El cálido clima en que los piratas actuaron llevó a que la mayoría de ellos se valieran de una ropa cómoda, que no fuera excesivamente abrigada y que les permitiera protegerse hasta cierto punto del sol. Es por ello que se optaría a menudo a realizar las tareas de a bordo con el pecho descubierto o en su defecto solían usar camisas y en caso de mal tiempo, se protegían de las inclemencias con una casaca de lana.

Respecto a las piernas solían cubrirlas con unas calzas o pantalones de marino, por lo general ambos holgados, permitiéndoles así una mayor libertad de movimientos. A su vez podían valerse de medias largas las cuales pudieron llegarles hasta las rodillas, tal y como era común entre los habitantes del viejo continente. Los fajines eran comunes y al rodear la cintura en varias vueltas, permitían guardar en sus pliegues parte de su armamento, principalmente piezas pequeñas como pistolas, cuchillos y en ocasiones excepcionales, granadas de mano.

Fajín

Fajín similar al explicado anteriormente

En cuanto al calzado, se suele pensar que llevaban las típicas botas de mosquetero, que aunque utilizadas a lo largo del siglo XVIII, no tenían cabida en un barco; para empezar esta imagen proviene de los artistas que los retrataron, los cuales se valieron como modelo de las botas de los nobles y de los ya citados mosqueteros.

Dartagnan-musketeers

Portada de D’artagnan y los 3 mosqueteros donde pueden verse las botas típicas de su profesión.

El problema radica que estas botas están pensadas para ser utilizadas en climas más fríos, como el europeo, lo cual llevaría a hacer pasar aún más calor a los piratas dificultando y entorpeciendo sus labores. Y en segundo lugar, los tacones y la altura de las botas son utilizados para proteger a un jinete y del roce continuado con su montura, para evitar engancharse en la silla y los estribos y por último, para facilitar el control sobre el animal. Teniendo en cuenta que en los barcos pirata nadie tendría la ocurrencia de combatir a caballo, hacía que esta prenda fuera desdeñada automáticamente en caso de ser encontrada.

Botas mosquetero

Botas típicas de mosquetero

¿Qué utilizaban entonces? Zapatos típicos de su época, los cuales solían ser planos o con un pequeño tacón y generalmente se cerraban con una hebilla que podía variar en sus dimensiones. Cubrir los pies ofrecía una importante protección en combate, ya que así se evitaba pisar las astillas y restos puntiagudos de metal que invariablemente aparecían durante una pelea a bordo de un barco. De todas formas, también era común ver piratas descalzos durante los periodos de calma y mientras realizaban sus tareas en alta mar.

Respecto a la cabeza, el cubrirla con un pañuelo solía ser la opción más económica y facilitaba la realización de las tareas encaramado a los palos y las jarcias, aunque el uso de sombreros de todo tipo (de ala ancha, bicornios, tricornios, etc.) adornados con plumas y remaches también fue ampliamente aceptado entre ellos. Aunque más incómodos en combate, indicaban el estatus de su poseedor y que muy probablemente lo había obtenido tras haber acabado con su anterior dueño.

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Tricornio

  • Tópicos

Patas de palo, garfios y parches en el ojo. Esos tres elementos se han incluido tan a menudo en el imaginario actual que ya conforman una parte esencial de esta peculiar comunidad, pero ¿hasta qué punto hay de verdad en ellos? Se conoce gracias a Exquemelin que existía una indemnización determinada para aquellos que perdían miembros a lo largo de los combates, la cual podía ser tanto en dinero como en esclavos, pero sufrir un revés de este tipo hacía aún más difícil la posibilidad de ser reclutado de nuevo en una tripulación y solía implicar el final de la vida como pirata.

Perder parte de una pierna y sustituirla por una prótesis de madera no era nada nuevo, pero a ello debe añadirse que por lo general la víctima tendría que valerse de una muleta para moverse. Una carga que hacía casi imposible defenderse en combate, no digamos ya moverse con cierta rapidez; aunque es probable que algunos consiguieran ocupar algún puesto en una embarcación serían los menos. Por ello debemos comprender que las patas de palo fueron una excepción, no una regla.

Respecto al uso de garfios ocurre algo similar, perder una mano dificulta multitud de tareas que precisen de ambas, y en cuanto al combate tampoco ofrece una ventaja muy superior a estar armado con una daga de pequeñas dimensiones. El uso generalizado de este elemento proviene principalmente de la novela de Peter Pan, en donde se muestra al Capitan Hook/Garfio con tal prótesis, ello unido a su posterior puesta en pantalla por Walt Disney en 1953 conseguiría convertir a esta herramienta en un elemento inamovible dentro del ideario pirata actual.

Captain_Hook

Hook y su omnipresente garfio

Los parches en el ojo son una parte esencial de los atuendos de los piratas, ahora bien han salido varios artículos (pobremente documentados) defendiendo que el uso de un parche de tela cubriendo un ojo era ampliamente utilizado por las tripulaciones piratas. Vamos a acercarnos al tema con algo más de detenimiento.

En primer lugar la pérdida de un ojo está incluida dentro de las posibles heridas que percibían una asignación especial tras un combate, igual que la pérdida de brazos y pies que trataba antes, así que debía ser habitual tras un combate. Ahora bien, perder un ojo sigue permitiendo a una persona realizar las mismas tareas dentro de una nave y combatir, puede que en ciertos momentos le suponga una mayor dificultad pero no por ello lo incapacita; de lo cual se deduce que no sería extraño encontrarse con piratas tuertos. Tampoco es demasiado descabellado creer que algunos decidieran tapar con un parche o un pañuelo su ojo, aunque no debió ser un hecho habitual.

Ya explicado esto, vamos a ir a los mitos que rodean el uso de esta prenda. Para empezar se ha creído que su utilización era debida a la necesidad de subir y bajar a la bodega ya que el ojo necesitaba cierto tiempo para adaptarse a la oscuridad que reinaba en tales zonas, gracias a ello se destapaban el parche y ganaban un precioso tiempo en caso de estar en combate. Otros han aventurado que su utilización era para entrenar un ojo a estar a oscuras y así facilitar su visión nocturna, y por tanto tener una mayor probabilidad de éxito en sus asaltos al amparo de la noche.

Aunque pueda tener cierta lógica no existe ninguna fuente histórica que hasta el momento haya tratado acerca de los parches en el ojo y su utilización por los piratas y los marinos de su época.


Fuentes:

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

GOSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla: Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008, 402 p.

JUÁREZ MORENO, Juan. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972, 468 p.

MOREAU, Jean-Pierre. Piratas. Filibusterismo y piratería en el Caribe y en los Mares del Sur (1522-1725). Madrid: Machado Grupo de Distribución, S.L., 2012, 426 p.

PAINE, Lincoln. The sea and civilization. A maritime history of the world. London: AA Knopf, Random House, 2013, 744 p.

Piratería y alcohol, una relación más allá de lo profesional. Parte 3.

Con esta tercera entrada seguiremos ahondando en las funciones que las tripulaciones piráticas le dieron a la bebida tanto en alta mar como una vez desembarcados en tierra. Se debe comprender que una tripulación pirata no puede verse desde el mismo punto de vista que la perteneciente a una formada por tropas y marineros regulares. Por lo tanto es necesario un acercamiento y estudio cauteloso de estos singulares navegantes.

Los capitanes a sabiendas de las “peculiares” características de sus hombres se valieron de diversas tretas para mantenerlos bajo control. Sobre el papel, una buena capacidad de mando unido a la obtención regular de beneficios solía ser más que suficiente para que la marinería realizara sus funciones sin incidentes de ninguna clase y cualquier intento de organizar un motín se disipara rápidamente.

A su vez, la necesidad de actuar de manera conjunta para obtener un beneficio común llevaba a que, en caso de que un tripulante no efectuara su labor éste fuera recriminado por el resto de sus compañeros. Los castigos físicos también eran temidos y aunque ocasionalmente podían reforzar la autoridad dentro del barco, uno uso continuado o indiscriminado de los mismos podía llevar a un amotinamiento, por lo tanto este recurso se guardaba únicamente para ocasiones excepcionales.

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Debe borrarse la idea de que los capitanes piratas fueron un atajo de sádicos que mantenían el orden más por el temor que profesaban a sus hombres que por sus capacidades al mando de un navío. Sin duda hubo personajes crueles e incluso auténticos sociópatas al mando de embarcaciones, pero por muy valioso que pudiera ser un botín nadie con dos dedos de frente se uniría a una tripulación a sabiendas de que su capitán y el resto del cuadro de mandos tuvieran la curiosa costumbre de azotar hasta la muerte a aquel que cometiera el más mínimo fallo o “premiaran” cualquier prueba de insubordinación con un disparo en la espalda.

Es por ello que dentro de estas situaciones el alcohol cumple varias funciones al mismo tiempo. En la mayoría de los casos, los mandos se comprometían a proporcionar a sus hombres una cantidad diaria reglamentada, la cual era celosamente guardada y distribuida por los marmitones o cocineros. De este modo la sed era saciada, la moral permanecía alta  y por ende la lealtad a su capitán se reforzaba o como mínimo se mantenía.

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A pesar de que aquí se haya explicado la situación idílica, la realidad podía distar mucho de esto. Algunos de los ataques implicaban esperar durante días enteros al acecho de una presa, lo que llevaba a que en aquellos momentos en que no hubiera más tareas que realizar, los piratas dedicaran las horas muertas a beber. Esto llevaría a que muchas veces estos marinos realizaran sus asaltos y derrotas en diversos estados de embriaguez, dificultando cualquier tipo de maniobra.

Creo que no hace falta recordar que intentar manejar una embarcación de grandes dimensiones y entrar en combate con una tripulación totalmente borracha es una de las mejores maneras para encallar un barco contra las rocas o ser masacrado durante un abordaje.

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Existen varios ejemplos de situaciones como esta pero sin duda el perpetrado por el Capitán Swann merece una mención especial. Esto se debe a que siguiendo el modus operando típico de los piratas de su época, Swann salió de puerto en busca de presaspertrechado con municion y vituallas para varios días alejado de tierra firme. La diferencia estriba en que pasó varios días en alta mar sin conseguir presa alguna, ya que la tripulación había pasado la cuasi totalidad del trayecto en un estado de embriaguez permanente.

Otro ejemplo que brilla con luz propia es el de Jack “Calico” Rackham. Este pirata, más famoso por sus líos de faldas (tal y como explicamos en Mujeres en la piratería parte 2) que por su capacidad al frente de un barco, sería finalmente capturado debido a que su navío fue abordado en 1720  por el cazador de piratas Jonathan Barnet. La captura de Calico se debió a la incapacidad de su tripulación de defenderse, ya que estaban completamente borrachos en el momento en que su barco era asaltado.

En caso de que la tripulación se hubiera mantenido sobria, dedicada a sus funciones y se hubiera conseguido una presa, el bajel pirata, volvería a tierra para vender sus nuevas posesiones y repartiría el monto obtenido entre su tripulación. Los menos guardarían sus ganancias para una futura retirada o los invertirían iniciando un negocio o comprando tierras para alejarse de este peligroso modo de vida.

Pero los más, seguirían uno de los clichés más conocidos de la piratería, dilapidar sus ganancias en los placeres que el puerto guardaba. El espectáculo debía ser digno de verse; no es difícil imaginar una tripulación que ha pasado semanas en el mar, privada de numerosas comodidades, con una importante suma de dinero en sus bolsillos y que hasta nuevo aviso no tiene que volver al barco. Con estos elementos en mente podremos hacernos una idea aproximada de lo que ocurrió en numerosos puertos americanos, tales como Tortuga o Port Royal.

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No era de extrañar que las celebraciones llegasen a abarcar días enteros en donde el dinero era despilfarrado en ingentes cantidades de comida y bebida y entretenimiento de cualquier clase, desde músicos ambulantes y camas mullidas a prostitutas de alta categoría y fuertes apuestas en juegos de azar de diversa índole. Los capitanes conocían la naturaleza de sus subordinados y aceptaban de buen grado esta conducta, ya que tendrían capital humano fresco con el que poder embarcarse otra vez en busca de nuevos objetivos una vez que los fondos de sus hombres se hubieran agotado.

Volviendo a las actividades en tierra, solía ser común entre los piratas invitar a rondas enteras de bebida o incluso sacar barricas a la calle y ofrecer su contenido gratuitamente a cualquiera que pasara cerca con tal de aumentar el número (y el grado de embriaguez) de los nuevos invitados.

El consumo excesivo de alcohol unido a gente armada proclive a la violencia hacía que muchas de estas juergas, iniciadas en un ambiente de verdadera euforia, acabaran varias veces en desgracia. No es conveniente creer las imágenes que las películas nos han transmitido en donde las tabernas son un improvisado campo de batalla en donde sin ton ni son uno puede acabar muerto. En realidad, las celebraciones allí realizadas se caracterizaban por un alboroto “pacífico” e inmenso que se alargaba durante horas e incluso días, aumentando con el paso del tiempo sus niveles de sonoridad y  el número de muebles rotos. Pero debemos comprender que de ahí a que acabaran todos acuchillándose entre sí a la más mínima oportunidad, tal y como parece que nos quiere vender Hollywood, hay un mundo.

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De todas formas la violencia seguía siendo un elemento cotidiano en estas situaciones, aunque por lo general las diferencias existentes solían resolverse a puñetazos. Existe constancia de tripulaciones como las de Rock “el Brasileño” que tenían la peculiar costumbre de tomar las tabernas por asalto y disparar a todo aquel que no les cayera en gracia, creando un auténtico estado de pánico en las calles Jamaica. No es de extrañar que el bueno de Rock terminara sus días siendo asesinado en una de estas reyertas. A su vez, no era raro que otros piratas obligaran a todo aquel que pasase a su lado, a beber junto a ellos amenazándoles con matarlos. A pesar del ambiente de jovialidad y embriaguez que embargaba estas reuniones, era común que muchas de las rencillas existentes entre tripulantes del mismo o de diferentes barcos, derivaran en duelos o incluso en auténticos choques entre grupos que inevitablemente acababan con varios muertos.

Aun a pesar de situaciones como las relatadas, sigo reiterando que la llegada de un grupo de piratas con un nuevo botín a un puerto amigo, no implicaba un posterior baño de sangre. Sabían perfectamente que su existencia dependía en gran medida de que su entrada siguiera siendo permitida y que los negocios de la zona fueran prósperos. Es por ello que destrozar todo a su paso y asesinar indiscriminadamente a sus aliados, chocaba (obviamente) de manera frontal con sus intereses.

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De este modo finalizo el largo recorrido acerca del alcohol en la piratería. Espero que esta lectura os haya interesado y confío en haber conseguido aclarar algunas de las dudas acerca de esta temática.

Os recuero que podéis seguir informados acerca de todo lo relacionado el mundo de la piratería tanto en Facebook como en Twitter, y en caso de que tuvierais cualquier duda o proposición para nuevas entradas no dudéis en poneros en contacto.


Bibliografía:

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Barcelona: Martínez Roca, 1998.

BURNEY, James. Historia de los bucaneros de América. Salamanca: Renacimiento, Isla de la Tortuga, 2007, 478 p.

CIPOLLA, Carlo María. La odisea de la plata española. Barcelona: Crítica, Libros de Historia, 1999.

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.

MOREAU, Jean-Pierre. Piratas. Filibusterismo y piratería en el Caribe y en los Mares del Sur (1522-1725). Madrid: Machado Grupo de Distribución, S.L., 2012, 426 p.

MOTA, Francisco. Piratas en el Caribe. La Habana: Casa de las Américas, 1984, 430 p.

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN:

84-933198-0-5

Piratería y alcohol, una relación más allá de lo profesional. Parte 2.

En esta segunda entrada sobre el alcohol y la piratería seguiremos ahondando sobre esta peculiar relación y los grados de aceptación que tenían las diversas bebidas tanto en puerto como en alta mar.

Se considera al ron como la opción predilecta de los piratas para emborracharse, lo cual puede llevar al engaño de que únicamente tomaban este tipo de bebida. Es necesario por ello exponer algunas de las causas que han llevado a que éste tópica se haya mantenido hasta nuestros días.

En primer lugar la bebida idónea para mantener a una tripulación alerta y dedicada plenamente a las tareas de un navío es el agua. Pero su naturaleza hace que a los pocos días de permanecer inmóvil en un barril y sin apenas ventilación se estanque, por lo que beberla se convertía una manera bastante rápida de coger una infección estomacal. A sabiendas de esto, los tripulantes de las embarcaciones se valdrían de las bebidas alcohólicas para mitigar la sed durante las largas travesías.

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En segundo lugar, las bebidas alcohólicas solían combinarse con el extracto de frutas y con determinadas especias. Ello unido a las propias características de estas bebidas, permitían a los marinos “inmunizarse” en cierto modo ante las diversas enfermedades del nuevo continente como de aquellas que podían aparecer a bordo. No debe olvidarse que era necesario entregar a la tripulación algo de alcohol cada cierto tiempo para mantener su moral alta y evitar posibles intentos de amotinamiento.

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En tercer lugar antes de la aparición del ron en cantidades suficientes a lo largo de las zonas atlánticas, los barcos se aprovisionaban por lo general de cerveza, vino y ginebra. Ahora bien cada una de estas bebidas tenía sus inconvenientes en alta mar.

La cerveza era un recurso barato de obtener, pero mantener barriles llenos durante semanas o incluso meses provocaba la proliferación de parásitos dentro de estas barricas, haciendo que su consumo fuera de todo menos recomendable. Aunque no fuera muy consumida en alta mar su consumo se solía reducir aún más en los últimos compases del viaje. De todas formas en tierra seguía siendo una de las opciones más populares.

El vino por su parte experimentaba un proceso similar al de la cerveza. Mantener unos caldos muchas veces de dudosa calidad hacinados durante semanas en ambientes poco saludables, hacía que los hongos apareciesen en gran número. De todas formas los capitanes sí solían beber vino durante sus travesías, esto es debido a que podían costearse unas bebidas de condición varias veces superior a la entregada al resto de la tripulación. Lo cual implicaba que su sabor y condiciones de salubridad se mantuvieran por mucho más tiempo, incluso en largas travesías.

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Del mismo modo que con la cerveza el vino seguía teniendo una buena aceptación en puerto, aunque en varias ocasiones sería menor debido a que gran parte de las existencias eran importadas desde el continente. Por lo que las remesas que llegaban a las zonas atlánticas solían estar en malas condiciones debido a las vicisitudes del viaje.

Bebidas como la ginebra y el whisky tenían una gran aceptación entre las tripulaciones ya que debido a su mayor contenido alcohólico, era más difícil que sus condiciones empeoraran. A su vez estas bebidas permitían emborracharse con mucha menos cantidad que con otras de menor graduación, lo que permitía utilizar el espacio de la bodega para embarcar más material obtenido durante los asaltos y abordajes.

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En el caso concreto del ron, su popularidad se debió a factores como los detallados en el punto anterior, era más difícil que las reservas se pusieran en mal estado debido a su alta tasa de alcohol. A su vez el Caribe y con el tiempo sus zonas aledañas continentales, dedicaron grandes esfuerzos a su fabricación; debido a ello comprarlo o hacerse con él por la fuerza, eran tareas más sencillas y baratas que importar licores desde Europa.

El ron tendría a su favor ser una bebida poco conocida hasta el siglo XVII, por lo que fue bien recibida por las tabernas y clientes de esta zona del mundo. Su sabor y características aumentaron su popularidad tanto entre los marinos como con la gente de tierra convirtiéndolo en poco tiempo en una de las bebidas más consumidas del Caribe.


Fuentes:

GIORGETTI, Franco. Grandes veleros: historia y evolución de la navegación a vela desde sus orígenes hasta nuestros días. Barcelona: Llibreria Universitaria, cop. 2007.

GONZÁLEZ DÍAZ, Falia. Mare Clausum, Mare Liberum. Piratería en la América española. Madrid: Subdirección General de los Archivos Estatales, 2009.

GOSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla: Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

PAINE, L. The sea and civilization. A maritime history of the world. London: AA Knopf, Random House, 2013.

RAMOSKOPRIVITZA, Ulises Sandal. El delito de piratería y el principio de justicia universal. [En línea]. 2013, [fecha de consulta 25-2-15] Disponible en: http://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/124202/1/DDPG_RamosKoprivitzaUlisesSandal_Tesis.pdf

Piratería y alcohol, una relación más allá de lo profesional. Parte 1.

El alcohol siempre ha tenido una relación estrecha con la piratería, ¿pero hasta dónde llega esta supuesta realidad? Con las siguientes entradas nos adentraremos en todo este contexto y arrojaremos algo de luz sobre uno de los clichés piratas más extendidos.

El hábito de beber a bordo de un barco era algo común ya hace cientos de años, el que actualmente se relacione a los marinos con un consumo alto, e incluso excesivo, de alcohol puede deberse a diversos factores. A mi parecer la idea de imaginarse a un pirata aferrado constantemente a una botella se debe principalmente al comercio transoceánico de bebidas alcohólicas, especialmente de ron, típico de la Edad Moderna.

Aunque existen retazos de información que tratan el consumo y fabricación de ron en diversas partes del mundo, principalmente en el suroeste asiático y que con el tiempo, llegaría a expandirse hacia el resto de Asia y Europa, en esta ocasión trataremos el ron que se obtendría y consumiría en el continente americano.

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Cañas de azúcar cortadas y apiladas para extraer su jugo.

Para ello es necesario retrotraerse al siglo XVII, donde este ron comenzaría a ser exportado en grandes cantidades desde el Caribe y las Antillas hacia Europa. Tal ron, era destilado a partir de la melaza o jugo de caña de azúcar que crecía en estas latitudes, siendo algunas de sus principales zonas productoras Cuba, Puerto Rico o la República Dominicana.

Su popularidad entre la población, independientemente de su estatus social, aumentaría a pasos agigantados provocando la aparición de nuevas destilerías tanto en las islas como en zonas continentales a ambos lados del Atlántico. EEstos nuevos establecimientos intentarían cubrir la creciente demanda del nuevo licor y por tanto, se verían obligadas a importar melazas,especias y otros ingredientes necesarios para su fabricación.

Rum distillery

El origen de la palabra ron sigue sin ser claro  a día de hoy, ya que los retazos de información acerca de este tema son variados tanto en su contenido como en la época en que se escribieron. De todas formas existe un escrito de Samuel Morewood de 1824 en el cual intenta establecer su origen, estableciendo una relación entre este licor y expresiones inglesas.

Según Morewood el juego de palabras “having a rum time” se traduciría como “el mejor” o “pasar un buen rato”, debido a que a este rum/ron era considerado como una bebida diferente al resto de las ya conocidas y tenía una calidad muy superior a las mismas, lo cual hacía que fuera consumido en grandes cantidades. En otros casos al ron se le conocería como Kill-devil o Rumbullion, ambas expresiones son un juego de palabras característico de Devonshire, concretamente la última podría traducirse como “alboroto o bronca de grandes dimensiones”.

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A partir de expresiones como estas, las alusiones a este licor han variado enormemente, siendo conocido también como Sangre de Nelson, Agua del Demonio, Licor pirata, Screech o Agua de las Barbados.

Dentro de todo este entramado de compra y producción de ron debemos añadir que otros licores como la cerveza, el hidromiel y el vino tendrían también un peso importante en el abanico de posibilidades que cualquier ciudadano podía elegir como bebida. Es ahí donde tenemos que situar la conexión con aquellos que ejercieron la piratería.

El comercio de esta clase de productos proporcionaba unos beneficios más que considerables, lo cual era motivo suficiente para que embarcaciones cargadas de licor fueran una presa codiciada por los piratas. El cargamento capturado era vendido en condiciones fraudulentas a individuos capaces de enviarlo a lejanos puertos civiles o directamente a las propias autoridades corruptas de las islas cercanas.

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De todas formas los encargados podrían no aceptar los sobornos y amenazas para introducir estos bienes, o existiría la posibilidad de que las reservas fueran lo suficientemente abundantes como para no necesitar de nuevas remesas.

Por ello no era extraño que los mismos piratas encargados de saquear los barcos mercantes dedicaran sus días también al contrabando con islas bajo la hegemonía de diversas coronas o compañías comerciales. Se crea así una peculiar simbiosis en donde se hace uso de estos violentos marinos en caso de que las provisiones de alcohol se acabaran, alquilando sus servicios para que les reabastecieran del modo que vieran más conveniente.

Con estas primeras pinceladas os he expuesto el marco desde el que introducirnos en este contexto, pero con lo escrito esta vez no es suficiente. Por ello con las siguientes entradas trataremos la función del alcohol dentro de las embarcaciones piratas y el uso que tanto los marinos como los capitanes le daban una vez que hubieran vuelto a puerto tras capturar una presa. ¡Seguid atentos!


Bibliografía:

GOSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla, Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

JUÁREZ MORENO, J. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972.

PAINE, L. The sea and civilization. A maritime history of the world. 2013. AA Knopf, Random House, 2013.

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN: 84-933198-0-5