Carenado. Mantenimiento del casco. Parte 2.

El proceso de carenado en aguas caribeñas implicaba el cese de actividad de una tripulación pirata por un determinado tiempo. Dependiendo de los daños que tuviera la embarcación que pilotaban, la reparación de la misma podía alargarse por varios días o semanas.

Una reparación de estas dimensiones implicaba la necesidad de contar con un carpintero, pues sus conocimientos serían prácticamente indispensables a la hora de iniciar los diferentes procesos que se llevarían a cabo.

Uno de los principales enemigos de los cascos de madera sería “la Broma” o Teredo navalis. Esta clase concreta de molusco habita principalmente aguas saladas y generalmente templadas y se alimenta, entre otras cosas, de madera, por lo que los marinos europeos en sus primeros viajes por América no comprendían por qué sus barcos se iban descomponiendo poco a poco.

Viendo que sus barcos se convertían en coladeros flotantes, se comenzaría a hacer uso de diferentes medidas para acabar con este parásito. Lo más usual consistía en recubrir el casco con una capa de brea, sebo o alquitrán, a menudo combinada con otros elementos como azufre o carbón molido. Dicha capa permitía tanto impermeabilizar la obra viva como eliminar, al menos temporalmente, los posibles moluscos que se hubieran adherido al casco.

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Two ships careened for Caulking the Hulls, by Reinier Nooms (Zeeman) (1)

No sólo la Broma tenía la costumbre de aferrarse al casco de los barcos, otros moluscos y fauna de mayor tamaño se adherían y una vez allí crecían y se multiplicaban. La proliferación de estas formas de vida añadía un considerable peso extra y al mismo tiempo dificultaba la maniobra de los mismos. Esto era debido a que el choque con el agua se volvía irregular impidiendo dirigir con exactitud el rumbo de los barcos.

Las labores de reparación se podían alargar en el tiempo debido a varias posibilidades. La existencia de numerosos moluscos y otros organismos que al estar adheridos a la quilla y las partes sumergidas del casco, restaban velocidad a la embarcación.

Combates, los disparos del enemigo tanto por armas de pequeño o de gran calibre llegaban a abrir agujeros en el casco provocando la aparición de vías de agua que inundaban poco a poco la embarcación. Aunque existían bombas de achique que reducían o incluso eliminaban temporalmente el volumen de agua que continuamente entraba, el tenerlas funcionando impedía tener a toda la tripulación trabajando en el resto de faenas diarias.

El choque continuado contra las olas, también ocasionaba un desgaste continuo en las naves, por lo que los pequeños desperfectos se agrandaban creando aberturas en el casco provocando así un aumento del rozamiento contra el agua, lo que restaba velocidad. La cual, era una característica absolutamente necesaria, ya que sus ataques y huidas dependían directamente del factor sorpresa y de la capacidad de dejar atrás a sus perseguidores.

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An old whaler hove down for reparis, by F.S. Cozzens (2)

Contar con un carpintero ayudaba enormemente en las labores que vendrían a continuación. En primer lugar se llevaba a cabo el raspado y eliminación de moluscos y otros tipos de fauna marina que habían hecho del casco del barco su nuevo hogar. Tras ello se procedería a la reparación de brechas y fugas que se habían generado a lo largo de los últimos viajes.

Tras ello se pasaba a embrear el casco, proporcionándole una película que creaba una capa impermeable. Dicha capa impedía el paso del agua por las junturas y lo protegía, al menos temporalmente, de los moluscos y otra fauna marina que pudiera adherirse a la madera.

El lugar donde debía llevarse a cabo también tenía especial relevancia. Para empezar se buscaba una isla que por su orografía pudiera proteger al barco de efectos climatológicos adversos como tifones o vendavales. Y al mismo tiempo, debía estar lo suficientemente alejada de las rutas seguidas por convoyes comerciales o patrullas de guardia, ya que al estar el barco en tierra los dejaba prácticamente indefensos.


Bibliografía

CARROGGIO, Santiago. Historia de la navegación. Gran Enciclopedia del mar. Barcelona: Carroggio, 2003.

ELLIOT, J.H. Imperios del mundo atlántico; España y Gran Bretaña en América. Madrid: Taurus, Taurus Historia. D.L. 2006.

EXQUEMELIN, Alexander Oliver. Piratas de América. Madrid: Dastin, Crónicas de América, 2002, 219 p.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.

MERRIEN, Jean. Historia mundial de los piratas filibusteros y negreros. Barcelona: Luis Caralt, 1970, 478 p.

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN:84-933198-0-5

Enlaces

(1) https://art.famsf.org/reinier-nooms-zeeman/two-ships-careened-caulking-hulls-19633014114

(2) File:An_Old_Whaler_Hove_Down_For_Repairs

Tortuga, morada de prófugos y símbolo de libertad.

En entradas anteriores hemos hecho mención a Tortuga como una de las principales zonas desde donde los piratas lanzarían sus asaltos, pero aparte de estos retazos de información no hemos tratado más a fondo este tema. En esta ocasión queremos profundizar en las características de este emplazamiento y también mencionaremos  otros puertos con una función similar a lo largo de la Edad Moderna.

Isla La Tortuga

La Isla de la Tortuga comenzaría a adquirir importancia entre la comunidad pirática gracias a la labor de los bucaneros. Debido a la imperativa necesidad de crear una base segura desde donde defenderse de los ataques de la Corona española y de las víctimas de sus ataques deciden aposentarse en la isla de La Tortuga, situada al norte de Haití.

Sería en este lugar donde se originarían los filibusteros, pero eso no habría sido posible si no se hubieran dado una serie de características especiales. Independientemente de ello, los bucaneros que se quedaron en tierra aceptaron como gobernador del enclave a LeVasseur, un  hugonote que poseía formación militar. Una de sus primeras medidas desde su nueva posición consistiría en la construcción de un fuerte sobre un monte cercano al puerto, debido al buen ángulo que disponía sobre el mismo, lo armó con dos docenas de cañones. La toma de esta decisión se debía a que previó muy acertadamente que durante la existencia de la colonia los navíos de diversas potencias la atacarían debido a las actividades que sus habitantes llevaban a cabo.

La idea de Le Vasseur de levantar una estructura de tal magnitud como el Fort Rocher permitiría mantener a tales potencias alejadas de Tortuga e incluso repeler asaltos en toda regla. Siendo uno de los casos más importantes el ocurrido en 1654, cuando una expedición hispánica fue vencida durante su intento de conquistar el enclave.

Fort Rocher

Gracias al conocimiento del mundo de la piratería y su buen hacer, Le Vasseur convertiría a Tortuga en un nido de piratas y de todo aquel que se viera perseguido por la ley. Se estableció así como puerto seguro para todo aquel asaltante de mar que necesitara avituallarse, reparar su barco o gastar su botín. La forma de vida de esta raza de marinos atrajo a numerosos prófugos, desertores o individuos que ansiaban la libertad y el enriquecimiento rápido. La noticia corrió rápidamente entre los puertos de toda América y Europa, aumentando así el número de los que vieron en Tortuga un destino desde el que organizar su vida futura.

Gracias a ello las tripulaciones piratas aprovecharían su estancia en ella para reclutar a nuevos tripulantes, ya que fue en esa época cuando la piratería experimentó uno de sus mejores momentos debido al importante comercio intercontinental.

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El caos reinante en la colonia debido a la cada vez mayor de afluencia de piratas trajo importantes beneficios al gobernador y a los negocios locales, especialmente las tabernas donde verdaderos tesoros eran despilfarrados en pocas noches donde abundaban el alcohol, la comida, las mujeres y las trifulcas. Los numerosos heridos y la cada vez creciente cifra de muertos debido al caótico ambiente de la isla llevó al gobernador francés a tener que traer a toda prisa la nada desdeñable cifra de alrededor de 1500 prostitutas. Con esta acción Le Vasseur esperaba calmar los ánimos de sus habitantes y que muchos de ellos se asentaran definitivamente, intentando así traer un poco de calma a sus habitantes.

Bar-Fight

La propia Tortuga fue objeto de ataque durante toda su existencia tanto por ingleses, españoles o franceses, muchas veces conquistada con éxito o reconquistada por los propios piratas.  En  1670 los piratas  seguían utilizándola como zona segura pero esto fue cambiando paulatinamente. El corsario inglés Henry Morgan se valió durante esa época del enclave como plataforma desde la que contratar nuevos aliados que le ayudaran en sus ataques. A su vez la presencia de Francia en el Caribe era cada vez mayor y no dudaría en contratar a los piratas y filibusteros como fuerzas de choque contra las colonias del resto de potencias.

A pesar de otros muchos intentos, los piratas no llegaron a ser totalmente sometidos y Tortuga se mantuvo como una zona neutral para estos marinos manteniendo así su función de puerto seguro. Aunque se establecieron ciertas medidas legales en ella consiguiendo así limitar en parte la violencia y el caos reinante en la misma, los altercados y el despilfarro siguieron siendo un espectáculo habitual, aunque menos numeroso que en años anteriores, dentro de las calles de Tortuga.

Esperamos que esta aproximación a Tortuga os haya ayudado a comprender mejor qué clase de enclave era realmente. No podemos irnos sin olvidar daros las gracias por leernos y recordaros que seguiremos ofreciendo información, tanto en este blog como en Facebook y Twitter, acerca de la piratería y los diversos aspectos relacionados con ella.


Fuentes:

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Martínez Roca, Barcelona, 1998.

GROSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla, Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.