Filibusteros, un híbrido cada vez más común.

Los filibusteros aparecerían debido al proceso evolutivo que experimentaron los bucaneros durante el siglo XVI. El crecimiento de Tortuga como un enclave en el que se reunían toda clase de indeseables e individuos peligrosos para las emergentes potencias coloniales, llevaría a que se inicie un bloqueo del asentamiento por parte de la armada española.

Ante la necesidad de avituallarse y mantener el lucrativo comercio que se seguía practicando con piratas y contrabandistas los residentes de Tortuga se verán obligados a hacerse a la mar para romper el cerco. Por lo tanto deberán abandonar las pequeñas embarcaciones costeras de las que se habían valido previamente y comenzar a hacer uso de navíos de mayor tamaño capaces de aguantar los avatares de la vida en alta mar.

Los bucaneros capaces de adaptarse a este nuevo giro de los acontecimientos serían conocidos como filibusteros. El término podría provenir del holandés “vrii buiter”, que  significa “aquel que captura botín libremente”. Se traduciría al inglés como “free booter” y al francés como “filibustier”, de donde pasaría finalmente al español.

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Se comprende por tanto que los filibusteros serían aquellos dedicados a la navegación y las prácticas piráticas, pero a diferencia de sus predecesores se alejarían de la costa en mayor medida. De tal modo sus objetivos eran de un mayor tamaño (puertos medianos, buques de guerra, mercantes y caravanas terrestres, entre otros muchos ejemplos). A pesar de estas actividades, los filibusteros alternarían a menudo este modus operandi con el trueque de la caza  y la pesca típicas de la vida bucanera.

La Tortuga bajo el gobierno de Le Vasseur, se convertiría en un auténtico imán para todo aquel que deseara enrolarse en las tripulaciones piráticas. Nutrida por hombres sin ley, esclavos fugados o todo aquel que atraído por esta forma de vida, se convertiría en una garantía para todo aquel que buscara aventuras y riqueza.

De esta manera surge el filibusterismo antillano, el cual va agrandándose gracias al saqueo de sus presas y actúa bajo sus propios criterios, convirtiéndose así en un lastre para el comercio interinsular. Aunque no llegan a amenazar directamente los convoyes o los grandes puertos, sí tendrán que ser en cuenta como una fuerza capaz de poner en marcha una maquinaria bélica capaz de poner en verdadero peligro a grandes zonas bajo supuesto control colonial.

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Algunas de las principales figuras del filibusterismo serían Bartolomé el Portugués, Rock el Brasileño y Pierre le Grand. Destacando por su temperamento, Rock pasará a los anales de la Historia como un individuo con un talante brutal con la siniestra costumbre de dispensar un trato salvaje a sus prisioneros a los que solía torturar y matar. Tal actitud, sumada a sus tremendas borracheras en las cuales sembrara el pánico por las calles de Jamaica disparando a todo aquel que no le cayera en gracia y tomando las tabernas por asalto, le llevaría a que muchos de sus contemporáneos le evitaran en la medida de lo posible. Con semejante historial a sus espaldas, su estela se disipa en el tiempo aunque ciertas fuentes establecen que fue finalmente asesinado en una de estas reyertas.

Rock el brasileño

Ajenos a la personalidad de cada uno de los ejemplos, su fama procede de las grandes fortunas que consiguieron saquear valiéndose tanto de la brutalidad como de la astucia, ya que con un escaso número de hombres lograron hacerse con considerables botines custodiados por fuerzas muy superiores, tanto en armamento como en número de efectivos. Con apoyos en casi todas las islas, exceptuando las españolas, los filibusteros pudieron tejer una red de contactos, apoyo e información que les permitía realizar asaltos sobre sus objetivos y escabullirse velozmente, impidiendo que fueran apresados en la mayoría de las ocasiones. La capacidad de organización y experiencia en estas lides llevaría a que pronto, los gobiernos coloniales propiciaran un ambiente de diálogo con estos individuos con la intención de comprar sus servicios y así promover los ataques sobre sus enemigos políticos.

Esperamos que os haya interesado este entrada sobre los filibusteros y los entresijos que rodean tal término. Os recordamos que seguiremos trabajando para poder ofreceros información acerca del resto de marinos que habitaron y actuaron en el Atlántico.


Fuentes:

The sea and civilization. A maritime history of the world, Lincoln Pain. 2013.

Los Halcones del Mar. Rafael Abella. 1998.

Un eslabón perdido en la historia, piratería en el Caribe. Siglos XVI y XVII. Martha de Jarmy Chapa. 1983.

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Bucaneros, una amenaza creciente

Debido a que todo el tráfico de  la isla Española con la metrópoli debía pasar por el puerto de Santo Domingo, surgiría una creciente actividad contrabandista. Las autoridades eran incapaces de eliminar tal práctica, así que finalmente se abandonaron las poblaciones de la banda noroccidental entre 1605 y 1606 y trasladaron al interior.

El proceso dejaría en la zona bandas de esclavos cimarrones, criminales huidos y desterrados; a su vez también se dejarían abandonados numerosos rebaños de vacas y cerdos. La caza de este ganado sin dueño y el posterior tratamiento de su carne y su piel, se convertiría en su forma de subsistencia.

Las piezas obtenidas se curaban al sol con la intención de ahumarlas más adelante. Para el proceso de ahumado harían uso de unas barbacoas fabricadas por ellos mismos a las que llamarían “buccan”, tomando de ahí el nombre de bucaneros. Una vez finalizado el proceso, se valdrían de tal tipo de carne como moneda de cambio para obtener armas y otros pertrechos. El proceso de intercambio se realizaría con las embarcaciones, sin importar que fueran piratas o no, que pasaran cerca de sus asentamientos.

Buccaneers by Howard Pyle

Las armas obtenidas gracias a estos intercambios les permitirían cazar un mayor número de piezas, lo que desembocaría en un aumento de los pertrechos y del armamento. Llegados a un determinado nivel logístico, los bucaneros comenzarían a realizar incursiones sobre pequeñas poblaciones y plantaciones. Los asaltos serían comúnmente por tierra y mar, en el segundo caso harían uso de pequeñas embarcaciones que apenas se alejarían de la costa.

Tal tipo de correrías se basaban en un asalto rápido, generalmente valiéndose de la oscuridad o de cambios en el turno de guardia, en el cual se ejercían una violencia y  saqueo  indiscriminados. Una vez obtenida la presa, los bucaneros se internaban de nuevo en la espesura con la intención de dificultar la búsqueda por parte de sus perseguidores. Ya alejados lo suficiente, volvían a sus asentamientos o se dirigían a otros enclaves para derrochar las ganancias obtenidas.

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La reputación de tal comunidad iría aumentando y por ello se unirían a ella esclavos huidos, desertores y proscritos, llegando a crear nuevas plazas bucaneras provocando así una oleada de asaltos por toda la zona de las Antillas, incluyendo las Mayores y las Menores.

Concretamente, los pequeños grupos de bucaneros de la costa noroccidental de la Española solían llevar a Tortuga, a pocos kilómetros de la zona norte de Haití, sus cargamentos de cueros y carnes. Los almacenaban en ella hasta que podían venderlos en los barcos que entraban en el puerto, los cuales en su mayoría eran embarcaciones piratas.

El ideal bucanero, en la mayoría de los casos, se basaría en despilfarrar todo lo obtenido mediante el comercio y el saqueo a pequeña escala en aquellos enclaves en los que su presencia era admitida. Es por ello que muchos de ellos se enorgullecían en dilapidar sus bienes lo más pronto posible, dándose casos en los que tras la captura de una presa estos individuos eran capaces de gastar entre dos mil y tres mil piezas de a ocho en una sola noche entre tabernas, garitos y burdeles.

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El aumento de la actividad bucanera fue un casi constante quebradero de cabeza para las autoridades de las diversas potencias europeas, ya que se veían obligadas a enviar hombres y recursos para reforzar la defensa de los enclaves de menor tamaño. Lo cual llevaba a que muchas veces se confiara la seguridad de la plaza a sus propios habitantes, debido a que se prefería potenciar la protección de convoyes, grandes plantaciones y plazas fuertes,  ya que éstas sufrían también un fuerte acoso por parte de piratas y corsarios.

Esperamos que os haya interesado este entrada y que tengáis una visión más amplia de los bucaneros. En las siguientes entradas seguiremos ofreciendo información acerca del resto de marinos que habitaron y actuaron en el Atlántico.


Fuentes:

Historia de la piratería. P. Gosse. 1956.

The sea and civilization. A maritime history of the world, Lincoln Pain. 2013.

La odisea de la plata español.  C. María Cipolla,.1996.

Los Halcones del Mar. Rafael Abella. 1998.

The sea and civilization. A maritime history of the world, Lincoln Pain. 2013.