Reclutamiento en tierra firme. El caso europeo. Parte 2.

 

Como pudisteis leer en la anterior entrada, expliqué los métodos utilizados por las marinas mercantes y los capitanes civiles con objeto de conseguir marineros para sus embarcaciones.  En esta ocasión, voy a seguir tratando el proceso de reclutamiento, pero no sobre tales colectivos, si no sobre las diversas armadas europeas, especialmente en la Royal Navy.

Antes de entrar más en materia, veo necesario recalcar algunos de los aspectos de dicha armada, que aunque con matices, podrían extrapolarse al resto de cuerpo armados navales de su tiempo. En primer lugar, los sueldos en las marinas de guerra solían ser más bajos que en los barcos mercantes, lo cual ya era un factor más que decisivo a la hora de decidir dónde enrolarse. Elegir esta opción, a menudo era debido a causas de fuerza mayor como deudas o una necesidad imperiosa de alejarse de tierra firme.

Al mismo tiempo la disciplina en los barcos de guerra era siempre mucho más estricta que en uno de carácter civil. La diferencia social existente en la época marcaba una línea divisoria muy clara entre el grueso de la marinería y los oficiales, lo cual llevaba a que estos últimos despreciaran abiertamente a sus subordinados tanto verbal como físicamente. Entre ambos cuerpos se encontraban los destacamentos de soldados y ciertos cargos de la nave, los cuales hacían a menudo de mediadores entre ambas partes en los numerosos conflictos que pudieran llegar a haber a bordo. No era raro que varias situaciones de ésta índole se pudieran resolver antes de que “la sangre llegara al río”, o fuera notificada por los oficiales.

En caso de una infracción tuviera que ser castigada por este pequeño grupo al mando, las consecuencias solían ser funestas. Esto era debido a que en circunstancias normales el castigo por una falta, podía resarcirse mediante una reducción de la paga o de la ración diaria de alimentos y bebidas, el aumento de tareas o en caso más graves un correctivo físico

Bonhomme

Miembros del cuerpo de oficiales (1)

 

Aunque los diferentes casos variaron dependiendo de los países y las épocas, los reglamentos estaban estipulados por escrito con objeto de salir de dudas rápidamente. El problema residía en que el cuerpo de oficiales, generalmente, basaba su autoridad mediante la intimidación y el miedo, por lo que si debían hacer pagar a algún tripulante por sus faltas, se solía aumentar la pena establecida. De este modo el infractor veía como a su condena se aumentaba el número de latigazos u otros castigos físicos, haciéndole pasar un auténtico calvario. No era extraño que muchas veces aquellos que habían sido castigados hubieran recibido tales palizas, que morían a los pocos días por las heridas sufridas.

No tardaría en correrse la voz por los puertos, del futuro que le esperaba a uno si se enemistaba con un oficial, por lo que el común de los tripulantes evitaba en lo posible el acercarse a sus superiores. Como era de esperar, esta fama, inmerecida o no, se traduciría en una reticencia general a navegar en esta clase de barcos.

Como puntos a favor respecto a alistarse en la marina, estaba la opción de conseguir ascender dentro de la escala de mando interna, los propios logros se iban anotando en el diario de a bordo y más tarde se transferían a las dependencias de cada marina. Aunque en ciertas ocasiones, los ascensos podían ser debidos más a causas personales que profesionales, existía un mayor control sobre los mismos. Al mismo tiempo, la paga mensual, aunque escasa, como ya dije anteriormente, era regular y en caso de no percibirla los gobiernos solían ofrecer vales, letras y pagarés a modo de sumas monetarias.

Otro de los puntos a tener más en cuenta, era la propia seguridad que un barco de guerra podía ofrecer. Armado con un mayor número de cañones que un mercante y generalmente navegando en escuadra, es decir acompañado de otros barcos, en formación y con funciones predeterminadas para cada uno de ellos (exploración, defensa, transporte de materiales, etc.), hacía que los piratas u otros barcos enemigos se pensaran dos veces iniciar un ataque sobre ellos.

A pesar de los puntos a favor, muchos preferían sopesar con calma unirse a dichas tripulaciones o preferían esperar a una mejor oportunidad, antes de subir a estos barcos. Como era de esperar las armadas no siempre disponían de ese tiempo, por lo que optaron por alternativas “menos diplomáticas”. El ejemplo más conocido de ello, utilizado también en los ejércitos de tierra, eran las levas.

Las levas estaban formadas por grupos de reclutadores, los cuales eran dirigidos por un oficial y estaban armados con porras u otros objetos contundentes. Usaban las calles de las ciudades portuarias como sus zonas de actuación y reunían por la fuerza a cuantos marineros necesitaran. Vestían, actuaban y hablaban de una forma característica, y eran temidos por la violencia que podían llegar a desatar contra todos aquellos que encontraban en su camino durante sus rondas.

Los marinos que tenían noticia de que tales patrullas andaban a la caza de nuevos reclutas huían bien lejos de las zonas portuarias e incluso más allá, se llegaron a dar casos en que algunos se llegaban a esconder días enteros en los bosques y aldeas cercanas con tal de evitar ser reclutados. Otros optaban por atrancar las puertas de sus habitaciones en las tabernas y aguantar en ellas todo el tiempo posible sin que nadie detectara su presencia. Tampoco fueron raros los casos en que se hacían pasar por los maridos de las dueñas de las tabernas, cafés y posadas, exponiendo así su condición de propietario, lo cual les excluía del servicio en el ejército.

British assault

Asalto a una embarcación civil (2)

Las levas eran comunes debido a la falta de personal, pero también eran promovidas por los mandos de los barcos, esto se debía a que los capitanes recibían del gobierno central 1 libra por cada hombre apresado. Con tal idea en mente, incitaban a sus subordinados a hacer lo que fuera necesario por conseguir nuevos hombres. Siguiendo sus órdenes, las levas literalmente asaltaban las casas de huéspedes, posadas e incluso viviendas particulares con este objetivo. Los barcos que tuvieran la mala fortuna de atracar en puerto mientras se realizaban estas levas tampoco se libraban.

Estas naves civiles se veían abordadas por los reclutadores, los cuales apresaban a los marinos que habían llegado a estar meses alejados de tierra firme y se los llevaban a los buques de guerra. No era raro que una tripulación decidiera amotinarse a la hora de llegar a puerto, para así poder huir en los botes salvavidas; en casos extremos, los tripulantes llegarían a hacerse con las armas y repeler mediante la fuerza a los destacamentos que intentaran abordar el barco. En caso de que el objetivo fueran naves de un tamaño pequeño, los marineros se ocultaban en los recovecos y zonas huecas de la misma o entre las mercancías. La idea que subyacía desde el inicio era hacer ver a las levas que el barco apenas poseía tripulación y no valía la pena hacer el esfuerzo de registrarlo, pero en caso de que no se lograra los reclutadores no tenían reparos en propinar brutales palizas a los propietarios y capitanes para que confesaran donde estaban sus hombres.

Si con todos estos métodos no se lograba reunir un número suficiente, una de las últimas opciones consistía en asaltar las casas y talleres de los artesanos de la zona (alfareros, toneleros, herreros, zapateros, comerciantes, etc.). Mientras que algunos propietarios podrían evitar ser embarcados, no ocurría lo mismo con el resto de hombres a su cargo así como sus aprendices. Arrastrados como si fueran delincuentes, se les subía a bordo a menudo con la muda que llevaban encima como sus únicos bienes. Como era de esperar, sin conocimientos navales de ninguna clase, sin apenas abrigo y con un trato tan duro, la mayoría no volvía a pisar su tierra natal. Un destino similar corrían los huérfanos, mendigos y vagabundos de las ciudades portuarias, ya que siempre estaban en el punto de mira de esta clase de destacamentos debido a que nadie iba a preguntar por ellos en el futuro.

 

 


 

Imágenes

(1) http://4.bp.blogspot.com/-zUSw0WK2MGE/T1Yht7QU71I/AAAAAAAAFl4/s9fhTJXtO_o/s1600/Bonhomme%2BRichard%2B7.jpg

(2) https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/736x/a8/7f/dc/a87fdc2238752173c93144e4a7408077.jpg

 

Bibliografía

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MERRIEN, Jean. Historia mundial de los piratas filibusteros y negreros. Barcelona: Luis Caralt, 1970, 478 p.

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Castigos en la piratería.

En la siguiente entrada haremos hincapié en los distintos castigos asociados a la piratería, ejercidos tanto entre sus propios participantes como por las autoridades competentes. Sin más preámbulos os presentamos  una lista sobre algunas de las que más impacto han tenido a lo largo de la Historia:

Caminar por el tablón/Walk the plank

Tal y como su nombre indica, la ejecución se basaba en inmovilizar parcialmente a la víctima y obligarle a andar a lo largo de un tablón que sobresalía de la cubierta del barco. Dependiendo de la tripulación se lanzaba carnaza al agua para atraer a los escualos con la intención de que devorasen vivo a la víctima o se le ataba una bala de cañón para que se hundiera rápidamente en las profundidades.

Walk the plank final

A pesar de que ésta práctica se haya convertido en uno de los “clichés piratas” más recurrentes no debió ser una práctica comúnmente utilizada. Esto es debido a que la intención primera de los piratas era eliminar de un modo eficaz y rápido a su objetivo, por lo que no tenían intención de perder el tiempo elaborando un castigo especialmente ingenioso y que implicara a su vez una tortura psicológica para el sentenciado.

Marooning

Castigo basado en abandonar a un tripulante en una isla deshabitada, partiendo de esta base las opciones en torno a su puesta en práctica son bastante variadas. En algunos casos se le entregaba al abandonado una botella de agua y una pistola con una única bala, en caso de que quisiera suicidarse. En otras ocasiones lo que se hacía era abandonar al sentenciado en una lengua de arena durante la marea baja, de este modo el sufrimiento psicológico se acrecentaría a cada hora que pasaba ya que el terreno iría cediendo paso al mar hasta que cubriera toda la superficie transitable.

Su uso sería más común a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pasada tal época y con la piratería convirtiéndose en un recuerdo cada vez más lejano se iría abandonando esta práctica paulatinamente. Es en esa “Edad de oro” de la piratería cuando el término marooning adquiere un tono sarcástico, ya que se convierte en la acción de “nombrar a alguien gobernador de una isla”.

Marooning sun

Esta lenta sentencia de muerte era reservada a aquellos que intentaban amotinarse y fracasaban; la autoridad del capitán se reafirmaba mediante su uso y podía hacer que aquellos interesados en atentar de nuevo contra su mando se lo pensaran dos veces. También existen los casos en que se hacía uso de tal castigo sobre aquellos que intentaban traicionar a sus compañeros durante una travesía en alta mar, generalmente cuando se intentaban aprovechar de la parte del botín de otro tripulante o no le prestaban ayuda en situaciones de peligro como combates o temporales.

Pasar por la quilla/Keelhauling

Consistía en atar al sentenciado a una soga y tras ello se tiraba de uno de los extremos de la cuerda haciendo que la victima tuviera que recorrer toda esta distancia sin posibilidad alguna de moverse. Debe recalcarse que esta cuerda era lanzada por uno de sus flancos, cruzaba la parte inferior del barco (quilla) y sobresalía por el extremo opuesto.

A fin de cuentas es una condena a muerte, ya que si la persona atada no moría ahogada mientras se le arrastraba, los crustáceos y astillas de la parte baja del casco producían cortes lo suficientemente profundos como para matarlo. Intentar evitar el roce mediante un arrastre más lento provocaría el ahogamiento y uno más rápido unos cortes más profundos, es por ello que las probabilidades de sobrevivir a tal experiencia eran prácticamente nulas.

Keelhauling

El origen de esta palabra puede hallarse en el código de navegación holandés del siglo XVII, en sus páginas aparece el término “kielhalen”, proveniente del inglés keelhauling, el cual hace referencia a arrastrar a una persona a lo largo de la quilla. De todas formas los orígenes sieguen siendo difusos, ya que hay quienes afirman que este castigo puede retrotraerse hasta el Imperio Romano. Tal y como hemos dicho anteriormente esta clase de castigos tan elaborados no eran algo muy común, se hacía uso de los mismos en ocasiones realmente especiales y cuando la tripulación tuviera el suficiente tiempo libre como para poder observar todo el proceso.

Ahorcamiento

El ahorcamiento sería uno de los castigos más ejemplares, convertidos en su época en un autentico acontecimiento de masas que reunía tanto a las autoridades como a aquellos movidos por el morbo y el interés que subconscientemente, siempre ha generado la violencia.

Ser ahorcado era considerado como una muerte innoble, a diferencia de la decapitación que era reservada para la nobleza o altos cargos del gobierno, el clero o el ejército. Es por ello que la amenaza de ahorcar a aquellos dedicados a la piratería fuera un recurso ampliamente utilizado por las autoridades para intentar disminuir el número de nuevos reclutas que decidían unirse a estos asaltantes marinos.

pirates gallows

El cadalso era una estructura de madera de donde pendía la soga y se elevaba del suelo gracias a unos escalones, permitiendo así a la multitud observar la ejecución. A una orden de la autoridad al mando, el verdugo lanzaba al vacío al sentenciado con la soga atada firmemente al cuello, provocándole la muerte casi instantáneamente, o haciendo que se ahogase alargando así su sufrimiento.

En las ocasiones en que el ahorcado fuera un criminal ampliamente conocido se volvía a colgar su cuerpo en alguna zona especialmente elevada como recordatorio a la legalidad vigente. Esta misma práctica era utilizada  a menudo en las tripulaciones pertenecientes a la Hermandad de la Costa, que reservaban tal castigo a aquellos que abandonaban a un compañero en una situación de peligro, aunque no por ello era uso exclusivo de los mismos.

Terminamos así esta entrada acerca de los diversos castigos relacionados con la piratería, esperamos que os haya sido de interés. Si tenéis más dudas, queréis proponernos temas que exponer en las siguientes entradas o buscáis ahondar más en el mundo de la piratería podéis poneros en contacto a través de facebook y twitter, estaremos encantados de ayudaros.


Fuentes:

BARAÑANO, Kosme M. de. La mar de arte: [una travesía por la historia de la navegación a vela] = Art galore: an exploration into the history of sailing. Valencia: IVAM, Institut Valencià d’Art Modern, D.L. 2005.

GONZÁLEZ DÍAZ, Falia. Mare Clausum, Mare Liberum. Piratería en la América española. Madrid : Subdirección General de los Archivos Estatales, 2009.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.