Terranova. Cómo convertir una isla en un nido de piratas.

 

Para esta ocasión voy a profundizar en la Isla de Terranova y en la importancia de sus asentamientos durante fines del siglo XVII e inicios del XVIII, época en la cual los piratas apenas podían contar con el apoyo de las naciones mientras realizaban sus actividades. Fue en esos años, cuando su particular modo de vida entonó su canto de cisne, amenazados por todas partes, los piratas declararon como enemigo y posible presa a cualquier barco con el que se cruzaran, independientemente del pabellón que ondeara en su mástil.

Con la siguiente entrada pretendo exponer algunos de los puntos fuertes de la isla y por qué ésta fue convirtiéndose gradualmente en uno de los últimos nidos de piratas antes de su práctica desaparición de los mares.

A comienzos del siglo XVIII Terranova ya se había consolidado como una zona utilizada ampliamente por los piratas para el mantenimiento de sus barcos, así como para vender mercancías robadas, reabastecerse de pertrechos (velamen, madera, pólvora, cuerdas, etc.) y víveres frescos (principalmente conservas, agua y alcohol).

Actualmente la Isla de Terranova se sitúa en el extremo noreste del continente americano y se encuentra bajo dominio canadiense. La isla en sí, posee una costa muy accidentada con numerosos salientes y ensenadas, ello unido a su gran tamaño (más de 111.000 km²) hizo de ella un lugar perfecto donde poder esconderse de las miradas indiscretas y de las cada vez más abundantes patrullas enviadas por las naciones europeas con el fin de acabar con las tripulaciones piratas.

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Mapa de Terranova (1)

Alrededor del siglo XVIII la isla se encontraba deshabitada de nativos y los colonos existentes se situaban en su mayoría cerca de las zonas costeras, pocos eran los que optaban por adentrarse tierra adentro debido a los frondosos bosques que crecían ahí unido a los escasos recursos que podían extraerse. Es en el mar donde radicaba la importancia de la isla, ya que en sus aguas cercanas se encontraban inmensos bancos de peces, siendo el bacalao uno de los más abundantes de dicha zona.

Como ya dije antes, las bahías y puertos son muy numerosos en Terranova, gran parte de ellos eran de fácil uso para los marineros experimentados debido a que tales formaciones geológicas se adentraban profundamente en la tierra facilitando la navegación. Tampoco era extraño ver a tales marinos pasar rápidamente de un puerto a otro por vía terrestre para evitar ofrecer sospechas sobre sus siguientes actuaciones o en última instancia, como vía de escape.

Los principales puertos de los que se valieron fueron St John’s y Placentia, visitados a menudo por los piratas, tal como hicieron en épocas más antiguas en lugares como Tortuga o Port Royal. Los cuales crearon una curiosa simbiosis con ellos, ya que de este modo a cambio de ofrecerles cierta seguridad y la posibilidad de reabastecerse en sus comercios, obtenían protección frente a posibles ataques provenientes de las armadas de otras potencias.

Parece ser que tales puertos llegaban a alcanzar un importante volumen de trasiego comercial en torno al pescado, la cifras son algo sesgadas, pero indican que podían llegar a curar y exportar cerca de cien mil quintales (1 quintal = 100 libras) de pescado al año. Dichas remesas eran una notable fuente de recursos para Inglaterra, con los beneficios obtenidos de los mismos de conseguían numerosos productos provenientes de Italia, Portugal o España, entre otras naciones, para surtir a las colonias y a los propios habitantes de Inglaterra.

Gracias a este tráfico aumentaría el trasiego del ron, el azúcar o la melaza junto a otros bienes producidos en las Indias Occidentales. Los pescadores se verían cada vez más reforzados, ya que a sabiendas de los beneficios obtenidos el número de hombres dispuestos a enrolarse en esta clase de embarcaciones aumentaba con el paso del tiempo.

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La fragata Argus faenando en Terranova (2)

Es ahí donde puede encontrarse el origen de los nuevos reclutas piratas, pero veo necesario aportar algunos datos y explicarlo más detenidamente. Los barcos pesqueros dedicados a esta zona provenían principalmente del suroeste inglés, concretamente de ciudades como Topsham, Barnstable y Bristol. Fue desde estas zonas desde donde numerosos hombres, muchos con muy escasos recursos, se enrolaban en las embarcaciones por salarios realmente bajos.

Ya embarcados se dirigían a las diversas estaciones pesqueras de Terranova en donde se alojaban. Durante la temporada de pesca las condiciones de vida eran duras, debido principalmente al inevitable clima frío, las largas y extenuantes jornadas y la escasez de comodidades y provisiones. Tales condicionantes llevaron a que muchos de los pescadores dedicaran a pasar sus horas libres bebiendo black strap. Dicha bebida consistía en una mezcla de ron, melaza y cierta clase de cerveza que ayudaba a combatir el escorbuto (parece ser que tal cerveza era en concreto Chowder beer, la cual se preparaba con partes de abeto negro, por lo que se la conocía también como spruce beer).

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Un vaso con Black Strap (3)

No era algo inusual que debido a los efectos del consumo excesivo de la misma muchos perdían importantes sumas en el juego, por lo que se veían obligados a admitir contratos con cláusulas muy duras como único modo de mantenerse durante el invierno. Aun a sabiendas de esto, el saber de tal destino no impedía que muchos tropezaran con ese mismo obstáculo, lo cual era una autentica mina para los capitanes de barcos y propietarios de compañías pesqueras.

Tales individuos, conocedores de esta situación se amparaban en que todo se encontraba todo dentro de un marco legal y reglado, así que aprovechaban para contratar de nuevo a los marinos endeudados para la siguiente campaña de pesca y al mismo tiempo, aumentaban en varias veces el precio de los productos básicos (ej. el pan pasaba de 15 a 50 chelines una vez que los barcos hubieran abandonado el puerto hasta la siguiente temporada). Todo ello llevaba a que los marineros se vieran incapaces de saldar sus deudas y al mismo tiempo de subsistir.

A partir de  aquí es cuando los últimos capitanes pirata hacen su aparición. Esta situación límite, derivaba en numerosas ocasiones a que, tanto de forma individual como en grupos, los pescadores endeudados se dieran a la fuga a bordo de chalupas y pequeños botes con un claro objetivo en mente, huir de sus deudas y unirse a los piratas. Como era de esperar estos los recibían con los brazos abiertos, ya que aunque muchos de los nuevos reclutas pudieran ser un atajo de alcohólicos, tenían más que suficiente experiencia a bordo de un barco, lo cual inclinaba la balanza a su favor para ser aceptados.

Si la huida en bote pudiera echar atrás a los más indecisos, los propios piratas no perdían la oportunidad de realizar una oportuna visita cada verano a los diferentes puertos en búsqueda de nuevos socios. La llegada de estos curiosos visitantes era celebrada  por los endeudados, ya que suponía una nueva oportunidad para empezar de cero y con algo de suerte, ganar en unos pocos asaltos los sueldos de varios meses faenando.

Por su parte, los comerciantes también veían con buenos ojos su llegada. Esto se debía a que por su parte les proveían de todo lo necesario para sus correrías, y al mismo tiempo, les compraban las mercancías robadas a precios mucho más bajos que en el circuito legal. A pesar de que esto solía ser un secreto a voces, dichas transacciones se realizaban en las zonas menos transitadas de la costa, evitando así cualquier posible encuentro con las autoridades.


Enlaces

(1)http://www.pc.gc.ca/~/media/pn-np/nl/terranova/k-n/nl_east_field_unit_no3-e.ashx

(2)http://1.bp.blogspot.com/rnKnXaDuV9o/T2mRdbKaFpI/AAAAAAAABL4/DqON1lash_Q/s1600/La+campa%C3%B1a+de+la+goleta+Argus_TERRANOVA.jpeg

(3)https://twelvebottles.files.wordpress.com/2010/12/drinks_blackstripe2.jpg

Bibliografía

FONDEVILA SILVA, Pedro. Diccionario español de la lengua franca mediterránea. Murcia: Fundación Séneca, Agencia de Ciencia y Tecnología de la Región de Murcia, 2011, 496 p. ISBN: 978-84-935446-7-6

LUCENA SAMORAL, Manuel. Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América. Perros, mendigos y otros malditos del mar. Madrid: Mapfre S.A., 1992, 313 p.

PEÑA BATLLE, Manuel Arturo. La Isla de la Tortuga. Madrid: Cultura Hispánica, 1977, 267 p.

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN:84-933198-0-5

WOODARD, Colin. La república de los piratas. La verdadera historia de los piratas del Caribe. Barcelona: Editorial Crítica, Tiempo de Historia, 2007, 433 p.

ZAMBRANO PÉREZ, Milton. Piratas, piratería y comercio ilícito en el Caribe, la visión del otro (1550-1650). Historia Caribe, [en línea]. 2007, Nº 12, [fecha de consulta 26-05-2015], pp. 23-56. Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2510335. ISSN 0122

Piratería y alcohol, una relación más allá de lo profesional. Parte 1.

El alcohol siempre ha tenido una relación estrecha con la piratería, ¿pero hasta dónde llega esta supuesta realidad? Con las siguientes entradas nos adentraremos en todo este contexto y arrojaremos algo de luz sobre uno de los clichés piratas más extendidos.

El hábito de beber a bordo de un barco era algo común ya hace cientos de años, el que actualmente se relacione a los marinos con un consumo alto, e incluso excesivo, de alcohol puede deberse a diversos factores. A mi parecer la idea de imaginarse a un pirata aferrado constantemente a una botella se debe principalmente al comercio transoceánico de bebidas alcohólicas, especialmente de ron, típico de la Edad Moderna.

Aunque existen retazos de información que tratan el consumo y fabricación de ron en diversas partes del mundo, principalmente en el suroeste asiático y que con el tiempo, llegaría a expandirse hacia el resto de Asia y Europa, en esta ocasión trataremos el ron que se obtendría y consumiría en el continente americano.

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Cañas de azúcar cortadas y apiladas para extraer su jugo.

Para ello es necesario retrotraerse al siglo XVII, donde este ron comenzaría a ser exportado en grandes cantidades desde el Caribe y las Antillas hacia Europa. Tal ron, era destilado a partir de la melaza o jugo de caña de azúcar que crecía en estas latitudes, siendo algunas de sus principales zonas productoras Cuba, Puerto Rico o la República Dominicana.

Su popularidad entre la población, independientemente de su estatus social, aumentaría a pasos agigantados provocando la aparición de nuevas destilerías tanto en las islas como en zonas continentales a ambos lados del Atlántico. EEstos nuevos establecimientos intentarían cubrir la creciente demanda del nuevo licor y por tanto, se verían obligadas a importar melazas,especias y otros ingredientes necesarios para su fabricación.

Rum distillery

El origen de la palabra ron sigue sin ser claro  a día de hoy, ya que los retazos de información acerca de este tema son variados tanto en su contenido como en la época en que se escribieron. De todas formas existe un escrito de Samuel Morewood de 1824 en el cual intenta establecer su origen, estableciendo una relación entre este licor y expresiones inglesas.

Según Morewood el juego de palabras “having a rum time” se traduciría como “el mejor” o “pasar un buen rato”, debido a que a este rum/ron era considerado como una bebida diferente al resto de las ya conocidas y tenía una calidad muy superior a las mismas, lo cual hacía que fuera consumido en grandes cantidades. En otros casos al ron se le conocería como Kill-devil o Rumbullion, ambas expresiones son un juego de palabras característico de Devonshire, concretamente la última podría traducirse como “alboroto o bronca de grandes dimensiones”.

Pirate tavern

A partir de expresiones como estas, las alusiones a este licor han variado enormemente, siendo conocido también como Sangre de Nelson, Agua del Demonio, Licor pirata, Screech o Agua de las Barbados.

Dentro de todo este entramado de compra y producción de ron debemos añadir que otros licores como la cerveza, el hidromiel y el vino tendrían también un peso importante en el abanico de posibilidades que cualquier ciudadano podía elegir como bebida. Es ahí donde tenemos que situar la conexión con aquellos que ejercieron la piratería.

El comercio de esta clase de productos proporcionaba unos beneficios más que considerables, lo cual era motivo suficiente para que embarcaciones cargadas de licor fueran una presa codiciada por los piratas. El cargamento capturado era vendido en condiciones fraudulentas a individuos capaces de enviarlo a lejanos puertos civiles o directamente a las propias autoridades corruptas de las islas cercanas.

Pirate dock

De todas formas los encargados podrían no aceptar los sobornos y amenazas para introducir estos bienes, o existiría la posibilidad de que las reservas fueran lo suficientemente abundantes como para no necesitar de nuevas remesas.

Por ello no era extraño que los mismos piratas encargados de saquear los barcos mercantes dedicaran sus días también al contrabando con islas bajo la hegemonía de diversas coronas o compañías comerciales. Se crea así una peculiar simbiosis en donde se hace uso de estos violentos marinos en caso de que las provisiones de alcohol se acabaran, alquilando sus servicios para que les reabastecieran del modo que vieran más conveniente.

Con estas primeras pinceladas os he expuesto el marco desde el que introducirnos en este contexto, pero con lo escrito esta vez no es suficiente. Por ello con las siguientes entradas trataremos la función del alcohol dentro de las embarcaciones piratas y el uso que tanto los marinos como los capitanes le daban una vez que hubieran vuelto a puerto tras capturar una presa. ¡Seguid atentos!


Bibliografía:

GOSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla, Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

JUÁREZ MORENO, J. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972.

PAINE, L. The sea and civilization. A maritime history of the world. 2013. AA Knopf, Random House, 2013.

SANZ, Cecilio. Breve Historia de la navegación y comercio marítimo hasta nuestros días. Madrid: Colegio Oficial de Ingenieros Navales y Oceánicos, 2003. ISBN: 84-933198-0-5

Folklore marino. Parte 1.

Sirena

Es en el mundo griego y próximo-oriental donde se encuentran los orígenes de estas criaturas, con un cuerpo de ave y cabeza de mujer. Una de las apariciones más conocidas de esta criatura mitológica se encuentra en la Odisea de Homero, donde intenta embaucar a los marinos mediante su canto para que se estrellen contra las rocas.

 Odiseo y sirenas

El mito irá evolucionando con el paso del tiempo, el choque con otras culturas llevará a que este ser adquiera algunas de las características de las nereidas. Su fuerte conexión con el mar llevará a que su fisonomía cambie y pierda la forma de ave, a cambio mantendrá el torso de mujer mientras que la mitad inferior del cuerpo terminará siendo una cola de pez.

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El cambio de forma implicará que su actitud hacia los marinos pueda ser tanto afable como peligrosa. Es por ello que mantendrán algunos aspectos benévolos característicos de las náyades y nereidas. Por lo tanto podían ser consideradas como salvadoras de náufragos o que decidieran servir de guía para los barcos en situaciones de peligro como tempestades o cuando se había perdido en alta mar. A su vez existen los casos en que las intenciones de estos seres distan mucho de ser beneficiosos para los humanos, ya que eran capaces de atraer, mediante sus cantos u otros métodos, a los barcos para que chocaran contra los arrecifes y así devorar a sus tripulantes.

Leviathan

El Leviatán es tratado por diversas religiones como la babilónica, el judaísmo o el cristianismo. Independientemente de las características o particularidades que posea en cada una de estas tradiciones religiosas, el Leviatán es considerado como una criatura marina de grandes dimensiones, capaz de producir enormes catástrofes gracias a su increíble poder y colosales medidas. Su forma varía dependiendo del tiempo y de aquellos que la describen y por tanto, existen representaciones figuradas de la misma presentándose con forma de ballena o de serpiente marina

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Los marinos europeos, beberían de estos relatos y conformarían la idea de que tal monstruosidad habitaba los mares del mundo. Por tanto se le atribuían aquellos naufragios que no podían ser esclarecidos y en los que el barco quedaba especialmente dañado. Que este mito se mantuviera vivo puede darse debido a algunos hechos como los ataques de cetáceos a embarcaciones, la silueta de los mismos avistada desde lejos y el propio temor hacia las profundidades marinas. Debido al desconocimiento que tenían de estos animales es probable que las leyendas perduraran y se les fueran añadiendo cada vez más matices, muchos de ellos inverosímiles.

Otra de las posibilidades por la que los marinos creyesen en la existencia de tal criatura podría atribuirse a las estrategias que usan las ballenas jorobadas para cazar, delimitando una zona mediante el empleo de burbujas, impidiendo a los peces salir y amontonándolos en un área específica. Finalmente varias ballenas emergen con las bocas abiertas capturando a las presas aprisionadas en el círculo de burbujas.  El avistamiento de este suceso de la naturaleza, difícil de comprender para las gentes de esa época puede que  se convirtiera en una de las causas de la pervivencia en el tiempo de este mito.

Para una mejor comprensión de este fenómeno os dejamos aquí un vídeo en donde puede verse de una manera mas detenida todo el proceso.

Esperamos que os haya interesado este apartado acerca del folklore marítimo, en la siguiente entrada profundizaremos un poco más acerca de otros animales mitológicos. Puede resultar repetitivo pero queremos seguir agradeciéndoos el apoyo tanto al blog como al resto de nuestras redes sociales (twitter y facebook), es por todo ello que seguiremos publicando más información para manteneros informados acerca de los detalles de este área de la Historia.


Fuentes:

DIKU-ADUERA, Vicki, Mitología griega. Hnos. Marmataki.

MASIÁ DE ROS, Ángeles. Historia General de la Piratería. Barcelona: Editorial Mateu, D.L, Colección Keops, Visiones Históricas, 1959.

PAINE, L. The sea and civilization. A maritime history of the world. 2013. AA Knopf, Random House, 2013.

Mujeres en la piratería. Parte 2.

A pesar de que en comparación con los hombres su número fue realmente reducido, han llegado hasta nuestros días algunos ejemplos de mujeres que dedicadas a este tipo de vida llegaron a tener su espacio en la Historia. Con esta entrada queremos hacer un somero repaso a las acciones que les permitieron alcanzar la fama suficiente como para ser recordadas.

Existen casos como Ching Shih, que según determinadas fuentes logró reunir en el momento álgido de su carrera (inicios del s. XIX) una flota de alrededor de 2.000 barcos dedicados exclusivamente a la piratería. Independientemente de las cifras de esta flota, ya que a veces este número llega a reducirse hasta los 1.400 navíos, es considerada por lo tanto como una de las piratas con mayor éxito. El gobierno chino le otorgó el perdón por sus crímenes y este modo Ching Shih lograría finalizar cómodamente y en paz sus días, proeza nada desdeñable ya que la inmensa mayoría de los que decidían dedicar sus vidas al asaltos de navíos morían de forma violenta.

Ching Shih

Otras como Grace O’Miley, correrían una suerte similar, ya que fue gracias a su capacidad de mando que pudo ponerse al frente de una pequeña flota de piratas que acosaban los barcos cercanos a las costas irlandesas. Por diversos avatares del destino sus pasos serían similares a los de Ching Shih ya que también lograría el perdón real y morir administrando sus tierras y propiedades en su dominio de Rockfleet.

Aunque ambos casos dan para extenderse mucho más, vemos necesario centrar nuestros esfuerzos al ámbito atlántico por lo que hemos encontrado en las figuras de Anne Bonny y Mary Read, dos buenos ejemplos sobre la mujer en tal contexto.

Anne Bonny fue hija de un abogado de Cork el cual habia emigrado a Carolina. Parecer ser que el temperamento durante su juventud fue bastante violento, ya que se involucró a menudo con las actividades e individuos que conformaban los bajos fondos. Las numerosas reyertas durante su tiempo en tal ambiente le proporcionaron un buen conocimiento de las actividades delictivas y llevaría a su vez a que conociera a un marino dedicado a la piratería. Con la intención de no separarse de él decidió enrolarse en su mismo barco disfrazada de hombre.

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Parece ser que su estratagema fue satisfactoria ya que consiguió mantenerse entre la tripulación y lograr algunas presas durante su estancia, pero el idilio con tal marino terminaría cuando conoció a Jack “Calico” Rackham. Rackham capitaneaba un navío dedicado al pirateo y al asalto de poblaciones costeras, y quedó prendado de los encantos de Anne. Pocos meses después, Bonny debía ser dejada en puerto ya que se encontraba en un alto estado de embarazo, momento que Rackam aprovecharía para seguir con su rutina de pirateo. Es durante tales días cuando Mary Read se uniría a la tripulación de Rackham, y aprovechando la distancia existente entre Jack y Anne, aprovecharía para convertirse en la querida del capitán.

Read nacería en Londres a finales del s XVII y ante las oportunidades que brindaba la vida en el mar decidiría enrolarse disfrazada de hombre en una nave holandesa con destino a las Indias occidentales. La vida de pirata  rápidamente atrajo su atención y valiéndose de su disfraz conseguiría, tras algunos desencuentros con las autoridades inglesas, enrolarse bajo las órdenes de Rackham.

Mary Read

La relación entre el capitán y Read, experimentaría un fuerte revés ya que en la recalada en Carolina Bonny volvería a formar parte de la tripulación, con la intención de retomar su relación con Jack. Ante la situación que se encontró, pudo llegar a creer en un primer momento que Rackham había cambiado sus preferencias sexuales durante su ausencia, pero descubierta la verdadera naturaleza de Read. Aunque en un inicio la tensión entre ambas mujeres desembocara en los puños, finalmente se aceptaría la convivencia entre los tres. Esto no quedaría en secreto por la tripulación, lo que provocaría que varios de la misma decidieran ganarse el afecto de las mujeres para su disfrute personal y que la desidia se fuera apoderando de la nave. Rackham incumpliría cada vez más sus labores de capitán, interesado más en contentar a ambas mujeres que a dedicarse a la búsqueda de presas, esto llegaría a su fin cuando el barco fue atacado por cazadores de piratas. Según los testimonios de la época la tripulación de Rackham, incapaz de combatir y mantener las líneas debido a la ingesta de alcohol perdió rápidamente el espíritu de lucha y acabó capitulando. Únicamente Read y Bonny se batieron ferozmente ridiculizando al resto de sus compañeros al ser las únicas dispuestas a vender cara su libertad.

Read y Bonny final

Una vez reducidas tuvieron que mostrar al tribunal de Spanish Town (Jamaica) su verdadera naturaleza, lo cual causó un gran revuelo entre sus habitantes. De todas formas el tribunal mantuvo la horca como castigo por sus actos, ante esta amenaza ambas alegarían estar embarazadas, consiguiendo así aplazar la sentencia. Read, aunque no esperaba ningún hijo, murió poco después a causa de unas fiebres, mientras que Bonny consiguió escapar de algún modo aunque no se sabe a ciencia cierta qué factores influyeron en su puesta en libertad, finalizando de este modo todo rastro de información acerca de ella.

Con toda esta información finalizamos la serie de entradas dedicadas a las mujeres dentro del mundo de la piratería, esperamos que os hayan sido de ayuda y hayan arrojado algo de luz sobre este tema. Como siempre queremos agradecer el apoyo que vosotros los lectores, nos dais desde las redes sociales y por nuestra parte seguiremos investigando acerca del mundo de la piratería para enseñaros aquellos aspectos que más interés nos suscitan.


Fuentes:

GONZÁLEZ DÍAZ, Falia. Mare Clausum, Mare Liberum. Piratería en la América española. Madrid : Subdirección General de los Archivos Estatales, 2009.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.

JUAREZ MORENO, J. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1972.

PAINE, L. The sea and civilization. A maritime history of the world. 2013. AA Knopf, Random House, 2013.

Mujeres en la piratería. Parte 1.

Para esta ocasión pretendo ahondar en la figura de la mujer dentro de la piratería, por lo tanto, realizaré una serie de dos entradas exponiendo tanto a aquellas que lograron tener un mayor peso histórico como las que junto a tantos otros individuos conformaron la piratería tal y como la conocemos.

Centrándonos en aquellas mujeres anónimas que decidieron orientar sus pasos en esta dirección, debe recalcarse que la  información que nos ha llegado acerca de ellas es bastante escaso, ya que los casos escritos comienzan a ser más frecuentes durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

En situaciones como los carnavales y otras fiestas de tal índole era común que se diera un cambio en el vestuario, las mujeres que durante estos momentos llevaban prendas de hombre observaron que el trato hacia ellas, aun dentro del ambiente festivo cambiaba dándoles una mayor libertad de acción. Es por ello que en ocasiones como motines, asaltos o huidas las mujeres decidieran cambiar su vestimenta para aprovechar estas ventajas.

Esta clase de cambios trastocaban completamente los roles sociales de estas épocas, por lo que tal decisión se solía hacer en secreto y en un único paso. Esto era utilizado como una medida drástica, y si eran descubiertas exponían causas de gran calado o que les movía el patriotismo (en caso de que ingresaran en el ejército).

Situándonos en el mundo de la piratería, las pocas mujeres que decidieron valerse de este engaño defendían sus actos como un paso para la búsqueda de nuevas metas sociales o laborales. La aceptación de estos hechos solía ser mayor en épocas de crisis, hambruna o guerra; en casos en que la mujer se viera forzada a la indigencia una de las pocas opciones que tenía para mantenerse era la prostitución, lo cual era motivo suficiente como para probar suerte en una embarcación pirata.

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La transformación en hombre mediante el uso de la vestimenta a pesar de poner en peligro la vida de la mujer que las usara, le permitía realizar acciones impensables si hubiera mantenido su apariencia anterior. A pesar de todo ello la opinión que finalmente se tenía de estas mujeres dependía de su actitud y habilidades, en caso de que sus capacidades marineras y de combate fueran lo suficientemente buenas podía llevar a la aceptación plena dentro del barco.

De todas formas debe comprenderse que no siempre esto sería así, tal y como expusimos en nuestra entrada anterior Sexualidad en la piratería, la tensión sexual en largos viajes podía ser realmente alta. Es por ello que la probabilidad de que una mujer pirata pudiera sufrir el acoso e incluso se viera forzada por alguno de los tripulantes, era bastante alta. Ante esta situación tal mujer debía contar con el suficiente apoyo por parte tanto de los tripulantes comunes como de los individuos al mando de la nave.  A pesar de todo esto, el riesgo ante una posible violación estaría siempre presente, pudiendo hacer muy difícil la estancia en el barco a las mujeres.

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No debemos limitarnos a pensar que las mujeres únicamente se unieron a piratas bajo el amparo de las ropas de hombre; tampoco es muy aventurado decir que a lo largo de los siglos varias de ellas decidieran dedicar sus días a la piratería sin necesidad de disfrazarse, movidas por el ansia de riquezas. Los piratas, considerados como parias sociales, rompieron en numerosas ocasiones las reglas y convenciones establecidas en el resto de zonas civilizadas por lo que, aunque les siguiera chocando, y muchos se opondrían rotundamente a ello, posiblemente tendrían una mayor apertura de miras y podrían aceptar de mayor grado la inclusión de mujeres en sus embarcaciones.

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Con esta entrada no queremos presentar a los piratas como los adalides de la igualdad de sexos ni nada similar, la mentalidad de la época se mantendría entre los piratas por muy alejados que se sintieran de la civilización y de las normas establecidas, por lo que se seguiría viendo a la mujer como una persona de segunda categoría destinada a acatar las órdenes de los varones. Por lo tanto debe comprenderse que los casos en que una mujer navegase acompañada de esta clase de marinos serían extraños, puede que en ocasiones casi anecdóticos, pero no por ello inexistentes.

Esperamos que con la lectura de esta entrada la idea acerca de las mujeres piratas sea un  poco más nítida. Muchas gracias por vuestro apoyo y os recordamos que seguiremos ofreciendo información, tanto en este blog como en Facebook y Twitter, acerca de la piratería y el mundo que la rodea.


Fuentes:

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Martínez Roca, Barcelona, 1998.

ARAVISINI-GEBERT, LlZABETH. Las aventuras de Anne Bonny y Mary Read: el travestismo y la historia de la piratería femenina en el Caribe. GUTIÉRREZ DE VELASCO, Luzelena. Género y cultura en América latina. Arte, historia y estudios de género. [En línea]. México: El Colegio de México, Centro de Estudios Sociológicos, Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, Unesco, 2003, 396 p. [Fecha de consulta 26-05-2015]. Disponible en:http://faculty.vassar.edu/liparavi/article/AventurasdeAnneBonny.pdf

FABER-KAISER, Michael. Historia de la navegación. Barcelona: Planeta, 1976. ISBN: 84-320-2640-9

GONZÁLEZ DÍAZ, Falia. Mare Clausum, Mare Liberum. Piratería en la América española. Madrid : Subdirección General de los Archivos Estatales, 2009.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.

MOTA, Francisco. Piratas en el Caribe. La Habana: Casa de las Américas, 1984, 430 p.

ROBERTSON, Stuart. La vida de los piratas. Barcelona: Editorial Crítica, 2008, 271 p. ISBN:978-84-9892-059-8

 

Jolly Roger, el emblema de un destino funesto. Parte 1.

El imaginario popular nos ha llevado a relacionar rápidamente la palabra pirata con la bandera de la calavera con dos tibias cruzadas. Los orígenes del uso de este elemento son difusos y existen diversas teorías respecto a los mismos, por lo que a día de hoy no es posible concretarlos totalmente.

Las diferencias temporales entre los ejemplos que expondremos a continuación dan a entender la dificultad de intentar zanjar la discusión acerca de quién fue aquel que comenzó a navegar bajo este característico pabellón.

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Comenzaremos nuestra explicación tratando el origen del término Jolly Roger. Diversas teorías establecen que el nombre original que se otorgaba a estas banderas era el de “Old Roger”, al que con el tiempo se le añadiría el calificativo “Jolly”.

El uso del término Roger, podría venir de la traducción al inglés de vagabundo, dentro del imaginario popular del momento se relacionaba a esta clase de personajes con el diablo. De este modo los piratas simulaban entablar una relación simbólica mediante la alusión al demonio y así infundir en sus presas una imagen de ellos mismos como seres violentos y sin piedad.

Los primeros ejemplos de este tipo de bandera podrían hallarse en los piratas musulmanes situados en el Mediterráneo, los cuales solían pintar calaveras en sus banderas. Es probable que ésta práctica fuera copiada por marinos occidentales y añadieran los colores negro o rojo y otros elementos como piezas de armamento, huesos u otros elementos.Aunque parece que el primer contacto se retrotrae a 1625, cuando Peter Easton usaría una bandera negra sin distintivos como pabellón para su barco, siendo imitado por piratas futuros como Edward Teach (alias Barbanegra) Charles Vane o Richard Worley.

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Es gracias al registro acerca de las actividades de Emannuel Wynn cuando se tiene un registro fiable del uso de la bandera pirata. Corre el año 1700 cuando el capitán de la nave inglesa Poole avista en el horizonte a un barco que porta en su negro pabellón una calavera con dos tibias cruzadas y un reloj de arena. Ambas naves intercambiarían disparos sin conseguir dañarse entre ellas, lo que permitió a la Poole alcanzar un puerto seguro desde donde dio constancia a las autoridades del uso que Wynn estaba dando la bandera.

Otra versión de un hecho similar se remonta a 1723, momento en que el Princess Galley transportaba un cargamento de esclavos al Nuevo Mundo. Avistada una nave con un pabellón con una calavera y dos alfanjes cruzados y conociendo lo que ocurriría si oponían resistencia, el capitán negrero Wickstead decidió rendir su nave para así intentar salvar su vida. Los asaltantes se hicieron con el cargamento humano y de paso obligaron al cirujano, al barbero y al cocinero del buque apresado a unirse a su tripulación.

A su vez dos miembros del Princess Galley decidieron enrolarse en la tripulación pirática, lo que nos lleva a recordar que no eran extraños los casos en los que la marinería se enrolara dependiendo de las circunstancias bajo las órdenes de proscritos o de marinos que actuaran dentro de los marcos legales.

Jolly roger beach

El uso de la Jolly Roger podría incluirse como un recurso dentro de la guerra psicológica. Ya que el objetivo de los piratas se basaba en la captura del cargamento o incluso del propio navío se podía intimidar lo suficiente a la tripulación enemiga para que se rindiera sin oponer resistencia. En caso de que esto no fuera suficiente existía la práctica común de recoger la enseña del barco e izar una bandera roja.

Una de las teorías acerca del uso de la bandera roja nos lleva a las acciones corsarias y piráticas realizadas en el occidente europeo. Los citados piratas de esta aprte del globo solían hacer uso de este tipo de insignia,  la cual simbolizaba que se procedería al asalto del navío y que no se mostraría piedad una vez iniciado el mismo.

Terminamos así esta primera parte correspondiente a la Jolly Roger. En la siguiente entrada haremos un repaso sobre las diversas enseñas utilizadas por algunas de las personalidades dentro del mundo de la piratería y añadiremos varios de los usos que se han hecho de la misma a lo largo de la historia hasta la actualidad.


Fuentes:

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Martínez Roca, Barcelona, 1998.

MASIÁ DE ROS, Ángeles. Historia General de la Piratería. Barcelona: Editorial Mateu, D.L.Colección Keops, Visiones Históricas, 1959.

LE BRIS, Michael. Oro sangre y sueños. Pozuelo de Alarcón (Madrid): Espasa-Calpe, D.L. 2003.

Corsarios, recorriendo la delgada línea entre patriotismo y piratería.

La figura del corsario ya aparece en escritos de la Baja Edad Media, aunque comienza un proceso de crecimiento en el siglo XIV. Por ello que se comprende por corsario a aquel particular que debido a un contrato formalizado con una determinada nación atacaría a los barcos y enclaves enemigos para hacerse con sus posesiones.

Tal contrato sería conocido como patente de corso o carta de marca, el cual obligaría al recién convertido corsario a navegar bajo el pabellón de la nación contratante, siendo así tomado por un aliado entre las tropas de la marinería de tal país.

Su especial condición les permitía gozar de ciertos privilegios, siendo uno de los más importantes el considerar como seguros los puertos de la nación con la que hubiera establecido el acuerdo. Además sus acciones, idénticas a las de los piratas, diferenciadas únicamente en que no atacaban a los súbditos de la nación por la que actuaban, solo eran castigadas por los tribunales de los países enemigos.

Los beneficios obtenidos de tales actividades basadas en el saqueo, eran repartidos entre la tripulación de las naves que hubieran participado en estas tareas, reservando una cantidad previamente acordada que era entregada a la nación que hubiera expedido la patente.

Barco pirata puerto

Llegados a este punto es necesario hacer hincapié en que estos marinos eran vistos como patriotas por sus contratantes, con los que solían compartir nacionalidad, y como vulgares saqueadores por parte de aquellos que sufrían sus embates. Los propios corsarios en un inicio no tendrían una base ideológica para sus acciones, pero la continuidad del uso de corsarios por dirigentes políticos a lo largo de los años, llevaría a que en numerosas ocasiones esta mentalidad cambiara. Muchos de los corsarios comenzarían a considerarse a sí mismos patriotas independientemente de las opiniones ajenas, e incluso varios de ellos verían en sus acciones una forma de expandir su religión sobre sus enemigos.

Inglaterra haría un uso especialmente elevado de los corsarios ya desde inicios del siglo XVI, debido a que consideraba injusto el reparto del mundo que había decidido Alejandro VI, el cual impedía la posibilidad de expandirse por los recien descubiertos territorios americanos.

De este modo antes de iniciar una guerra abierta para hacerse con posiciones en ultramar, optaría por la contratación en gran número de corsarios que acosasen los emplazamientos españoles. Figuras como Drake, Raleigh o Hawkins son un perfecto ejemplo de corsarios dedicados a tales menesteres, los cuales gracias a sus capacidades llegaron a convertirse en un verdadero quebradero de cabeza para las naciones rivales y a infundir un terror nada infundado sobre sus habitantes.

Drake portrait

La existencia de una paga, unido a las posibilidades de aumentar los beneficios según el número de capturas llevaría a que numerosos marinos de toda índole vieran aquí un modo de ganarse la vida muy atrayente. Tanto comerciantes como antiguos piratas aprovecharían las opciones que daban los monarcas para hacerse a la mar y controlar las nuevas posesiones americanas mediante la eliminación y el saqueo de las posiciones enemigas allí establecidas.

Aparte de la riqueza material existía la posibilidad de lograr alcanzar la condición nobiliar mediante la práctica del corso. Condición que se lograría tanto por los servicios prestados como mediante la consecuente distribución de las fortunas obtenidas entre la administración real y aquellos bien establecidos en la sociedad. No sería raro que muchos nuevos nobles alcanzaran su ansiada nueva posición, poniendo cuantiosas sumas en manos de aquellos con influencia dentro de la sociedad.

Sir Francis Drake

A pesar del halo de grandeza y patriotismo que se intentó dar a la figura  los corsarios, se sigue manteniendo la diatriba acerca de cuando terminaba el corso y comenzaba la piratería. Esto es debido a que tanto los métodos de asalto y saqueo como los actores de los mismos apenas se diferenciaban de los utilizados por piratas. Todo ello unido a que muchos de estos corsarios no eran más que antiguos piratas “reconvertidos” a una nueva causa, terminan de difuminar la delgada línea que separa ambas categorías..

Debe comprenderse que las acciones corsarias eran, a menudo, combinadas con otras actividades paralelas como el tráfico de esclavos, el contrabando con naciones enemigas y el saqueo indiscriminado, sea cual fuera el pabellón de la víctima, en caso de poder aumentar los beneficios de la empresa.

En tiempos de paz, el número de patentes de corso descendería drásticamente lo que llevaría a que muchos de estos marinos volvieran a sus antiguos quehaceres o esperasen nuevas órdenes en tierra. Pero un importante número de elloos tentado por las suculentas alternativas que se abrían en el Nuevo Mundo consistentes en la posibilidad de desvalijar  a sus pobladores llevaría a que muchos de ellos volvieran a abrazar la piratería como forma de vida.

Esperamos que esta entrada os fuera de interés y os haya ayudado a tener una idea más nítida de los corsarios y sus características. Seguiremos proporcionando información acerca de la piratería en el Atlántico y todo lo que le rodea.


Fuentes.

JUÁREZ MORENO, J. Corsarios y piratas en Veracruz y Campeche. J. Juárez Moreno. Publicaciones de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla, 1972.

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Martínez Roca, Barcelona, 1998.

GROSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla, Renacimiento, Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

JARMY CHAPA, Martha. Un eslabón perdido en la historia: piratería en el Caribe, siglos XVI y XVII. México: Universidad Nacional Autónoma de México, Colección Nuestra América, 1983.