La organización de los piratas. Un “orden” dentro del caos.

La imagen del pirata que ha llegado a nuestros días ha sido distorsionada a lo largo del tiempo debido a los informes realizados en su momento por las autoridades, el boca a boca de las gentes y ya en un contexto más cercano la literatura y el cine de aventuras. Todo ello realizado con un mayor o menor rigor histórico, ha derivado en que la imagen de los piratas esté generalmente anclada en dos estereotipos.

La primera de ellas se basa en el prototipo del buen pirata, consistente en individuos que a pesar de ser ladrones y de un talante peligroso, conservan un aire romántico debido a que mantienen ciertos criterios altruistas y con un código basado en robar a los ricos, gobernadores corruptos o a piratas conocidos por su crueldad. Con todas estas cualidades era de esperar que siguieran una cadena de mando perfectamente reglada, sin apenas vacíos de poder y con instrucciones claras para cualquier situación.

Sparrow horizon final

En el extremo opuesto nos encontramos a aquellos dedicados a la matanza, la perversión y el saqueo, con el único fin de enriquecerse fácilmente sin pensar en algún momento en las víctimas y consecuencias de sus acciones. Aquellos pertenecientes a esta categoría viven en la más pura anarquía o mantienen una mínima organización únicamente gracias al terror que profesa su capitán. El cual como era de esperar, es un sujeto que actúa basado más en la locura y el sadismo, que en el sentido común.

Evil pirate captain final

Estas imágenes de caos constante o de un orden cuasi militar dentro del mundo de la piratería tristemente se mantienen a día de hoy. Por ello  con esta entrada buscamos exponer algunos de los métodos y doctrinas que estos personajes utilizaron con el objetivo de mantener una escala de valores y códigos, muchos de ellos de lo más básico, para así poder hacer más efectivas sus actuaciones.

Uno de los casos más importantes es el de los Hermanos de la Costa. Surgiría a raíz de los diversos bucaneros que poblaban las costas caribeñas, con el fin de poder aumentar su número y así poder dirigir sus acciones contra mayores presas. Tal asociación se llamaría originalmente Confederación de los Hermanos de la Costa y tendría su sede en la Isla de la Tortuga. Establecerían un código básico y en varios casos brutal, el cual a su vez mantenía un fuerte poso equitativo; es debido a ello por lo que hay autores que han llegado a considerarlo como una cooperativa autogestionada.

Una de las principales fuentes de información acerca de la misma proviene de Exquemelin, un antiguo bucanero holandés el cual escribió sus vivencias como miembro de estos hombres de mar. Gracias a él conocemos la máxima por la que se sustentaba la Hermandad “No hay botín, no hay paga”, la cual aporta unas primeras pinceladas acerca las intenciones y necesidades básicas de esta comunidad. Gracias a sus anotaciones se pueden resaltar algunos de sus puntos, teniendo especial importancia la discusión del plan entre todos los miembros del mismo. Debe comprenderse que la opinión y el peso de ciertos individuos sería siempre mucho mayor que el del tripulante común, pero ello no quitaba para que la opinión de éste fuera escuchada.

Una vez designados el objetivo y los pasos a seguir, se redactaría un contrato en donde se incluyen las propiedades de cada uno de ellos y la suma necesaria para llevar a cabo tal empresa. Sumas que generalmente eran gastadas en la adquisición del navío o navíos, reparaciones, médicos y demás personal especializado.

También se establecía un apartado dedicado a las indemnizaciones que se recibían en caso de que alguno de los miembros sufriera daños durante el transcurso de la acción, incluyendo así ciertas lesiones de gravedad o las amputaciones. El dinero para tal menester se sacaba del botín conseguido y se entregaba a los convalecientes, una vez hecho, la suma restante era repartida entre el resto de los implicados.

La porción del botín destinada a cada miembro dependía de su graduación, aunque a este punto también debe realizarse un acercamiento cauteloso. Esto es debido a  que no sería extraño que ciertos miembros importantes, el capitán o sus oficiales sin ir más lejos, se aprovechasen de su cargo para aumentar los beneficios que se le debían atribuir por su labor.

A pesar de las probables atribuciones ajenas al código, existía el castigo para todo aquel que osase esconder parte del botín, por lo que se realiza un juramento a favor de no llevar a cabo esta acción entre ellos. En caso de que se probara que alguno de ellos había realizado este tipo de práctica se le obligaba a devolver lo robado y se le excluía del reparto, aunque dentro de este contexto no parece muy aventurado decir que tal sujeto fuera objeto de violencia por el resto de sus ex-compañeros.

Pyle_pirates_deadmen

Los miembros de la cofradía se juramentaban con un compañero, comprometiéndose a defender la vida del otro y a heredar sus propiedades en caso de que muriese. En caso de que un hermano abandonase a otro durante el combate recibiría la pena capital, generalmente basada en el ahorcamiento. La ventaja de tal método permitía dejar el cuerpo del ajusticiado durante días colgado de alguno de los mástiles,  convirtiéndose así en un recordatorio constante al resto de tripulación.

A lo largo de la historia este código sería utilizado por diversos marinos añadiendo variantes al mismo alcanzando un importante peso entre ellos. Por otra parte diversos capitanes crearían sus propios códigos, estableciendo así un nada desdeñable elenco de legislaciones acerca del mantenimiento del barco, las actividades permitidas a bordo, el trato a los prisioneros o los castigos apropiados a cada situación. Intentar reunir todos estos modelos y explicarlos en una única entrada es una tarea demasiado pesada, por lo que vemos más práctico exponer algunas de las variantes en un futuro y realizar un estudio de las misma para exponer las diferencias y similitudes entre ellas.

Para finalizar nuestra entrada vemos necesario recalcar que sí se dieron casos de individuos con cualidades similares a las de los modelos expuestos al inicio de la entrada, pero debe comprenderse que también existía una amplísima gama de grises entre estos marinos, sus aspiraciones personales y su modo de llevar a cabo sus acciones. No necesariamente mantendrían esta conducta durante toda su vida, si no que la misma podría variar con el paso de los años o ante determinadas situaciones. De esta manera queremos hacer comprender la gran casuística existente de todos aquellos que conformaron la piratería y la necesidad de acabar con los estereotipos existentes hacia ellos.

Esperamos que con esta lectura hayamos conseguido aportaros información acerca del modus operandi de los piratas y de los posibles métodos de organización que se se utilizaron a lo largo de la Historia. No podemos irnos sin olvidar daros las gracias por leernos y recordaros que seguiremos ofreciendo información, tanto en este blog como en Facebook y Twitter, acerca de la piratería y los diversos aspectos relacionados con ella.


Fuentes:

ABELLA, Rafael. Los halcones del mar. Martínez Roca, Barcelona, 1998.

GONZÁLEZ DÍAZ, Falia. Mare Clausum, Mare Liberum. Piratería en la América española. Madrid : Subdirección General de los Archivos Estatales, 2009.

GROSSE, Philip. Historia de la Piratería. Sevilla, Renacimiento. Colección Isla de la Tortuga, Serie mayor, 2008.

MARÍA CIPOLLA, Carlo. La odisea de la plata española, Barcelona : Crítica. Libros de Historia, 1999.

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